MADRID, 17 May. (EUROPA PRESS) -
La Directora del Instituto Anatómico Forense, Carmen Baladía, indicó hoy ante el tribunal del 11-M que el día 12 de marzo, solo un día después de los atentados, el equipo destinado al examen de los cadáveres de las víctimas había conseguido identificar a un total de 156 personas, cuyos cuerpos fueron entregados a sus familiares.
La doctora describió el proceso de identificación y explicó que los cuerpos se fueron numerando, a su llegada al IFEMA, de forma "consecutiva" para evitar duplicidades. Junto al número de cada víctima se le añadía una letra C correspondiente a la palabra catástrofe, añadió. "La llegada de cadáveres era rítmica y continuada", dijo.
Explicó que una vez en el interior del edificio los cadáveres, con números correlativos, se agrupaban en función de su procediente en distintas mesas marcadas con las leyendas 'CA' (Catástrofe Atocha), 'CT (Catástrofe Telléz) etc...
En el IFEMA se instalaron siete mesas de autopsias que se utilizaron para la identificación de estas 156 personas. A partir de la tarde del día 12, agregó Baladía, aumentaron las dificultades de identificación ya que quedaban "cuerpos con gravísimas lesiones" y amputaciones de manos y dedos que provocaban que los resultados de los estudios de dactiloscopia fueran inútiles.
Por ello, indicó la perito, los forenses se trasladaron a un lugar más pequeño con temperatura de cámara frigorífica destinada a mantener las muestras en condiciones adecuadas para realizar estudios de ADN.
Los cuerpos, añadió se encontraban enormemente "fragmentados" y además los psicólogos consideraban que no era bueno mantener tantas horas a las familias en un lugar extraño y sin una zona adecuada para el descanso. El sitio elegido fue el Cementerio de La Almudena, donde en los días posteriores se fueron realizando los análisis, afirmó.
La directora del Instituto especificó que el día 17 se había logrado identificar a 184 víctimas del total de 187 fallecidos existentes en aquel momento. Los tres cuerpos que quedaban estaban identificados en un 90 por ciento a falta de análisis complejos. Sólo en uno de los cadáveres se cometió un error, que quedó solventado el día 18, indicó.
La doctora destacó la extraordinario labor llevada a cabo por Policía Científica y el personal del Instituto Nacional de Toxicología. Concretó que finalmente, contando con las personas fallecidas en distintos hospitales el número de muertos fue de 191.
MUERTE EN EXPLOSIÓN
El forense de la Audiencia Nacional, Juan Miguel Monge, explicó, por su parte las consecuencias de una muerte en explosión, la experimentada por la gran mayoría de las víctimas de la masacre. Dijo que en todas las deflagraciones se produce una onda de presión alta y breve que provoca, en la mayor parte de los casos, la muerte inmediata. Por ello, apuntó, muchos de los cadáveres de los trenes fueron hallados en los mismos asientos en los que viajaban.
Explicó que esta onda de presión produce un golpe seco a alta velocidad que origina un gran choque. Su fuerza se mide en kilogramos y a partir de los 30 se produce la muerte, agregó. A esta primera onda le sigue otra, denominada de succión que causa amputaciones y explica que muchas víctimas queden semidesnudas.
Esta segunda onda justifica, según apuntó la doctora Baladía, que no se encontrara en los cadáveres ningún objeto que pudiera responder a un explosivo.
El doctor Monge aclaró que se encargó del reconocimiento de todos los detenidos en relación con los atentados y dijo que le llamó la atención que uno de ellos, Jamal Zougam, le preguntara una vez arrestado quien había ganado las elecciones, que se celebraban el 14 de marzo.
En cuanto a la posibilidad de que alguno de los 116 imputados en la causa o de las 29 personas finalmente procesadas sufriera malos tratos durante los interrogatorios explicó que una minoría alegó haberlos recibido. "Las alegaciones eran muchas veces por condiciones higiénicas y algunos alegaban que les habían dado alguna colleja o tirones de pelo", indicó.
Por su parte los médicos Miguel Angel Castillo y Francisco Pera que se ocuparon de la autopsia del GEO fallecido en la explosión de Leganés, Francisco Javier Torronteras, indicaron que la causa del fallecimiento fue la pérdida sanguínea provocada por la rotura de la arteria fenoral. La arteria se rompió por el impacto de un ladrillo que provocó su muerte "ipso facto". El policía sufría además, traumatismo craneoencefálico, añadieron.
El doctor Castillo se encargó de realizar una segunda autopsia al cadaver de Torronteras tras la profanación de su tumba. Explicó que el féretro fue forzado y que encontraron el cuerpo quemado. No obstante esta acción, que calificó como "una superchería", no provocó la desaparición de vestigios. En su opinión la violación del cuerpo no fue un trabajo profesional.
SUICIDAS DE LEGANÉS
La doctora Baladía realizó una precisión en cuanto a los cadáveres de los islamistas suicidas que se inmolaron el día 3 de abril en la casa de la Calle Carmen Martín Gaite de Leganés. Ante la sospecha de que los muertos eran terroristas que "querían morir matando" --dijo-- los forenses pensaron que podían haber portado explosivos adosados al cuerpo y examinaron los cadáveres en busca de posibles fragmentos.
Localizaron uno metálico que finalmente resultó ser la pila de un reloj marca Seiko, aseguró.
Los doctores Prieto Carretero y Conejero, encargados de estas autopsias indicaron que analizaron los restos encontrados de mayor entidad ya que había múltiples restos de muy pequeño tamaño en los que no se podía determinar ni siquiera sus características anatómicas. Determinaron que se había tratado de una muerte violenta ya que los cadáveres presentaban politraumatismos muy severos que habían producido la fragmentación de los cuerpos. "La etiología médico-legal era de caracter suicida", destacaron.
Agregaron que no había ningún cadaver íntegro y que todos ellos presentaban en mayor o menor medida alguna fragmentación y añadieron que pueden afirmar que se trataba de "personas vivas" en el momento en que produjeron los hechos.
Los forenses expusieron distintos motivos científicos que demuestran que los suicidas estaban con vida antes de su suicidio, como el enrojecimiento de la zona de quemaduras de los cuerpos.