Cuiña ostentó casi todos los cargos en la política gallega, pero no logró su ambición de suceder a Fraga

Cabeza del sector de la 'boina' en el PPdeG, defendía la línea galleguista del partido "al límite de la autodeterminación"

Europa Press Nacional
Actualizado: viernes, 28 diciembre 2007 17:35

SANTIAGO DE COMPOSTELA, 28 Dic. (EUROPA PRESS) -

Con una ambición política que nunca disimuló, Xosé Cuiña Crespo fue alcalde de Lalín (Pontevedra), presidente de la Diputación de Pontevedra, consejero de Política Territorial y Obras Públicas y secretario general del PPdeG, pero nunca logró ver satisfecha su aspiración de convertirse en el sucesor del fundador de su partido, Manuel Fraga, de quien fue 'delfín' durante muchos años hasta que en enero de 2004 se cruzó en su carrera el 'Prestige' y fue obligado a presentar su dimisión.

Apartado del poder, Cuiña, que hoy falleció a los 57 años de edad, no cejó en su empeño y en la campaña electoral de las autonómicas de 2005 proclamó ante Manuel Fraga y Mariano Rajoy en un mitin en Lalín que prefería "morir como los buenos gladiadores y no envejecer en las gradas de la pasividad". "Como hijo de Breogán, entregaré lo mejor de mí a Galicia, madre y señora", aseveró.

No obstante, su ocaso en los círculos políticos quedó ratificado cuando en diciembre de 2005 no fue capaz de reunir los avales suficientes para dar la batalla por la sucesión de Manuel Fraga en el congreso en el que Alberto Núñez Feijóo consiguió hacerse con las riendas del partido. En ese momento, el político de Lalín se quedó solo e incluso el presidente del PP de Ourense, José Luis Baltar, que había sido uno de sus máximos defensores, anunció su apoyo a Feijóo en el congreso de enero de 2006.

Aún así, el que fue delfín de Manuel Fraga durante 13 años reivindicó su proyecto político y aventuró que en las siguientes citas electorales "el pueblo ratificará" su pretensión de "refundar" el PPdeG y primar la línea galleguista, que él llegó a defender hasta "el límite de la autodeterminación".

BOINA VERSUS BIRRETE.

Con la máxima ideológica del galleguismo, Cuiña, que se proclamaba "hijo de molinero", abanderó junto a Baltar y Franscico Cacharro el sector de la 'boina', que aglutinaba a las filas populares más asentadas en el rural. Frente a ellos, estaba el sector del partido más urbano y conocido como el 'birrete', que encarnaban Mariano Rajoy y el ex ministro José Manuel Romay Beccaría.

Ha pasado casi una década desde que Rajoy y Romay Beccaría fuesen confinados al "poleiro" en un congreso del PP, cuando el sector de la 'boina' alcanzó sus mayores cotas de poder y dejó a aquellos dirigentes sólo con cargos honoríficos dentro del partido en Galicia.

No obstante, Cuiña nunca consiguió que Fraga lo nombrase vicepresidente para hacer un gesto claro sobre su 'delfinato' y finalmente éste lo obligó a dimitir el 16 de enero de 2003 tras conocerse que empresas de su familia habían suministrado material para la limpieza de las playas afectadas por la marea negra del 'Prestige'.

El político de Lalín perdía así una batalla interna en el seno del Gabinete de Fraga sobre cómo gestionar la catástrofe del petrolero, ya que él abanderaba la tesis de realizar una mayor intervención desde Galicia frente al Ejecutivo de José María Aznar.

Pero el 'cuiñismo' resurgió en septiembre de 2004, cuando un grupo de cinco diputados ourensanos próximos a Baltar se rebelaron y amenazaron con escindirse de las filas populares porque culpaban al entonces secretario general del PPdeG, Xesús Palmou, de la caída de Cuiña del Gobierno autonómico. La crisis se saldó sin rotura, pero Xosé Cuiña no contó con huestes suficientes en el proceso de sucesión de Fraga abierto tras la pérdida de la mayoría absoluta en junio de 2005 y quedó relegado a la condición de diputado de base por la provincia de Pontevedra.

DISCRETO PAPEL.

En medio de rumores sobre la posibilidad de que formase un nuevo partido, extremo que él siempre negó, en los últimos tiempos su protagonismo se había esfumado y sus intervenciones públicas eran muy limitadas, salvo cuando en noviembre de 2006 aparecieron los socavones de la Vía de O Salnés, que había sido inaugurada sólo 11 años antes bajo su gestión al frente de la Consellería de Política Territorial.

Entonces el eterno aspirante a presidente gallego reclamó a su partido que avalase la apertura de una comisión de investigación sobre las deficiencias del vial en la que él mismo se prestó a declarar. El dictamen de este órgano parlamentario, aprobado con los votos del PSdeG y BNG, estableció hace sólo un par de semanas que la responsabilidad de las deficiencias era imputable al propio Cuiña.

Pero este "animal político", como hoy lo han definido sus defensores y otrora detractores, estuvo envuelto en acusaciones de nepotismo y sospechas sobre su gestión a favor de sus empresas, aunque legalmente nunca se llegó a demostrar nada, ni siquiera que hubiese sido irregular el suministro de material para la limpieza de la marea negra.

Su salud, y dice su núcleo cercano que también su ánimo, estaban muy debilitados en los últimos tiempos, después de que se recuperase del infarto de miocardio que sufrió en julio de 2003. El pasado 13 de diciembre se empezó a encontrar mal y fue ingresado en el Hospital Clínico de Santiago, donde se le diagnosticó una neumonía que se agravó hasta que hoy a media mañana falleció a consecuencia de un shock séptico.

ELOGIOS.

Su muerte causó consternación entre los que algún día fueron seguidores del 'cuiñismo', pero también provocó que voces antes críticas, hoy elogien su trabajo por el autogobierno gallego y su papel en la historia autonómica. Todos prefirieron quedarse con las luces antes que con las sombras de un político que fue controvertido, pero que, según Manuel Fraga, "siempre mantuvo su personalidad y su lealtad a Galicia y al partido".

Preguntado por episodios como la crisis del PP que en septiembre de 2004 puso al partido al borde la ruptura, Manuel Fraga se reafirmó en que "siempre" mantuvo con el que fue su 'delfín' político "la mejor relación personal". En medio de elogios, aliados de otros tiempos como Cacharro se apresuró a cuestionar que se le haya reconocido que fue "un hombre entregado a la labor de partido", mientras que Baltar confesó que se queda "un poco huérfano".

Por su parte, el presidente de la Xunta y secretario general del PSdeG, Emilio Pérez Touriño, resaltó que se trataba de una persona "extraordinariamente relevante" en la vida pública gallega, mientras que el vicepresidente del Gobierno y portavoz nacional del BNG, Anxo Quintana, hizo hincapié en que, "con aciertos y errores", Cuiña fue "un servidor público".

Los restos mortales del diputado 'popular' permanecerán en su casa natal situada en la parroquia de Filgueira, en el municipio pontevedrés de Lalín, y el próximo domingo, el féretro será trasladado al salón de plenos del Ayuntamiento de Lalín, donde quedará instalada la capilla ardiente para dar el último adiós al ex conselleiro, que recibirá sepultura a las 16.00 horas en el cementerio municipal.

Contenido patrocinado