Un civil armado junto a un guardia de asalto en las inmediaciones del Cuartel de la Montaña de Madrid tras la sublevación militar del 18 de julio - COLECCIÓN BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA
MADRID 15 Jul. (EUROPA PRESS) -
A las puertas de cumplirse este sábado, 18 de julio, el 90 aniversario del golpe de Estado contra la II República, que comenzó la víspera en Melilla, la historiografía actual revisita la fractura política en la España de 1936 a través de un prisma que oscila entre la fatalidad y la oportunidad perdida de haber evitado la Guerra Civil.
Este contraste puede sintetizarse entre las memorias del histórico líder de la CEDA José María Gil-Robles ('No fue posible la paz') y las de quien fuera presidente del Consejo de Ministros en 1935 Joaquín Chapaprieta ('La paz fue posible').
Noventa años después, la historiografía analiza el colapso del centro político y la profundidad de una conspiración que se gestó mucho antes del estallido bélico y más allá de las fronteras españolas. Europa Press ha entrevistado a historiadores de diferentes perfiles para ahondar en las múltiples y complejas causas que llevaron al levantamiento contra la II República, que desembocó en tres años de guerra civil y la posterior dictadura.
¿FUE POSIBLE LA PAZ? EL VACÍO DEL CENTRO
La tesis de que "la paz fue posible", defendida por Chapaprieta, se alinea con la visión del historiador Nigel Townson, autor de libros como 'Spain is not different' o 'La República que no pudo ser: La política de centro en España', quien pone el foco en la incapacidad del centro político para evitar la ruptura democrática.
Durante el denominado 'bienio conservador', el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux decidió a principios de octubre de 1934 incorporar en su gobierno a ministros de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), causando un cisma en la formación. Un giro a la derecha que también favoreció las tensiones que llevaron al estallido ese mismo mes de octubre de la Revolución de Asturias.
Aunque Townson afirma que la opción de Lerroux representaba la corriente "más numerosa y democrática" del régimen, reconoce que fracasó al radicalizar más aún el ambiente político tras los hechos de octubre, que se plasmó en una "excesiva" represión sobre los mineros asturianos.
Esta deriva, que incluyó destituciones en ayuntamientos y diputaciones y "el cierre de muchas casas del pueblo (las sedes del PSOE y UGT) que no tenían nada que ver", generó un "resentimiento local" que dinamitó el proyecto de una "república para todos" y que abrió definitivamente el espacio político a merced de la polarización, según mantiene el historiador.
LA IMPOSIBILIDAD DE LA PAZ Y LA CONSPIRACIÓN DE LARGO RECORRIDO
Frente a la esperanza de un entendimiento moderado, la idea de Jose María Gil-Robles de que "no fue posible la paz" resuena en el análisis del catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) Javier Cervera Gil, quien define el golpe de 1936 como la culminación de dos siglos y medio de enfrentamientos civiles.
Para Cervera, la sublevación respondió al rechazo de una élite que, tras controlar el poder hasta 1931, se sintió "ninguneada y expulsada" del nuevo modelo del Estado que atacó a sus privilegios.
Esta sensación de exclusión alimentó una trama conspirativa que, según el historiador Ángel Viñas, comenzó apenas meses después de la proclamación de la II República en 1931, entre sectores monárquicos y conservadores.
Lejos de ser una reacción espontánea a los desórdenes en los primeros meses de 1936 y al triunfo electoral del Frente Popular, el golpe se preparaba materialmente desde 1934 a través de la Unión Militar Española (UME) y de círculos contrarrevolucionarios como la revista 'Acción Española', donde colaboraban intelectuales como José Calvo Sotelo, asesinado en vísperas del golpe de Estado, y que encontraron en la Italia fascista de Benito Mussolini el aliado perfecto.
La tesis de Viñas se basa en documentos como los 'Contratos de Roma' que el historiador español Ismael Saz comenzó a desempolvar en los años 80, y el 'Informe Balbo' --del mariscal del Aire a Mussolini-- en el que se mencionan cientos de bombas de mano, 10.000 fusiles, 100 ametralladoras y un millón de pesetas en metálico que el fascismo italiano entregaría a los sublevados para el desarrollo del golpe.
Aunque dicho informe presenta lagunas, es revelador en tanto que manifiesta una de las hipótesis de Viñas: "que desde el principio hasta el final, monárquicos, militares y falangistas estuvieron apelando a Roma para cuando estuviera lista la conspiración".
De todas maneras, Townson rechaza junto a otros historiadores esta tesis de "echar la culpa a Italia" y opina que "no tiene importancia" ya que "esos militares se hubieran organizado en contra de la República con o sin el apoyo italiano".
MITOS Y ERRORES: DE LA PROPAGANDA AL FRACASO ESTRATÉGICO
La mayoría de historiadores consultados coinciden en desarticular el "mito" del 'Alzamiento Nacional' como una respuesta necesaria a una inminente revolución marxista, calificándolo de propaganda para justificar la rebelión, aunque muchos valoran también la "ruptura democrática" producida en octubre de 1934 con la Revolución de Asturias.
Sin embargo, aunque en menor medida, aún hay corrientes que defienden las tesis enarboladas por los golpistas en torno a la ilegitimidad del Gobierno republicano tras las elecciones de febrero de 1936 en las que triunfó el Frente Popular y que califican como "fraudulentas".
Por su parte, el Gobierno republicano incurrió en errores que facilitaron el éxito del golpe. Viñas critica en este sentido la desarticulación de la vigilancia de la Dirección General de Seguridad (DGS) sobre los militares sospechosos, a quienes el Ejecutivo republicano envió a destinos alejados (Franco a Canarias, Mola a Navarra o Goded a Baleares) bajo el falso convencimiento de que esto calmaría la situación en los cuarteles.
En esta línea, Townson mantiene la idea de que los líderes republicanos --el presidente Manuel Azaña y Santiago Casares Quiroga, presidente del Gobierno desde mayo de 1936--, no tuvieron en cuenta el respaldo que la conjura tenía entre los mandos intermedios y sostiene que la mayoría de altos oficiales a fecha de 17 de julio eran fieles a la República.
De todas formas, el historiador asegura que los mandos republicanos eran conscientes de que la situación no era tampoco igual a la de la intentona golpista de 1932 conocida como 'la Sanjurjada' y rechaza la idea de que Azaña dejase al Ejército levantarse para sofocar y fortalecer su posición frente a los sublevados, como sí defiende entre otros Javier Cervera.
UN ESPEJO DE LA CRISIS EUROPEA
En última instancia, el debate sobre si la guerra civil fue evitable se enmarca en un contexto de polarización global. Como subraya Townson, el caso español "no fue excepcional", sino un reflejo del fracaso generalizado de las democracias liberales en los años treinta, similar al colapso de la República de Weimar en Alemania, que era "mucho más fuerte" que la española.
En este marco internacional, la historia también demuestra que el resto de países europeos, más allá de los "nacionalismos autoritarios" como define Cervera a Italia y Alemania, no tendió la mano al gobierno español reconocido internacionalmente debido a una política de apaciguamiento que tenía miedo de la "panema" que suponía para Viñas una supuesta revolución de carácter socialista y que también permitió la II Guerra Mundial tres años después.
Noventa años después, la sombra del 18 de julio permanece como el recordatorio de una paz que, entre conspiraciones externas e internas y el hundimiento del centro político, terminó por resultar imposible y derivó en tres largos años de guerra y cuarenta de dictadura.