BARCELONA 15 Oct. (EUROPA PRESS) -
El Ministerio Fiscal solicita 50 años de prisión para José Luis R.B., el mosso d'Esquadra que en mayo de 2004 presuntamente mató a puñaladas a su esposa y a su suegra en el domicilio que compartían en Lliçà de Vall (Barcelona), simulando después que los asesinatos se habían producido durante un robo cometido por delincuentes comunes.
Un tribunal popular juzgará a partir de mañana al procesado, para quien la Fiscalía y la acusación particular, ejercida por la familia de las víctimas, solicitan dos condenas de 25 años de prisión, la pena máxima prevista por la ley para el supuesto de asesinato.
Las acusaciones entienden que José Luis R.B., de 36 años y en su día escolta de un conseller de la Generalitat, actuó con alevosía y ensañamiento y que el parentesco que unía al acusado con las fallecidas agrava los crímenes. La defensa del procesado, por su parte, pide la absolución alegando que las pruebas practicadas durante la investigación descartan su culpabilidad.
Los hechos se remontan al 3 de mayo de 2004, cuando el acusado y su esposa, Silvia C.A., de 32 años, se hallaban a solas en el domicilio familiar. Sus dos hijas, entonces de 5 y 2 años, estaban en el colegio y la suegra del procesado, María Engracia A.V., de 53 años, tenía visita en el médico.
Las acusaciones mantienen que, pasadas las 12 horas, José Luis R.B. pidió a su esposa que se reuniera con él en el comedor, momento en que presuntamente la atacó por sorpresa con un cuchillo de cocina. La víctima falleció tras recibir nueve puñaladas y varios golpes en la cara, lo que evidencia "la descomunal agresividad y brutalidad" con la que el procesado llevó a cabo la agresión, según la acusación particular.
Tras supuestamente cometer el primer asesinato, José Luis R.B. habría dejado pistas falsas por toda la casa, situándolas "hábilmente" en lugares "estratégicos" para simular un robo y hacer ver que el crimen lo habían cometido delincuentes comunes.
Así, según la acusación particular, el procesado desordenó una parte del domicilio, rompió el cristal de la puerta que daba acceso al patio exterior y esparció objetos de escaso valor por la terraza para crear confusión y salir airoso de lo ocurrido.
La suegra de José Luis R.B. llegó a casa sobre las 13.30 horas, cuando el acusado supuestamente estaba simulando el robo, y corrió la misma suerte que su hija. La mujer intentó resistirse a la agresión, tal y como demuestran las heridas defensivas que presentaba en las manos y los brazos, aunque finalmente falleció tras recibir 16 puñaladas.
"LO TENÍA TODO PLANEADO", SEGÚN LAS ACUSACIONES.
La acusación particular insiste en que el procesado "lo tenía todo planeado" y afirma que el matrimonio pasaba por un mal momento y discutía constantemente. A su entender, el gran dolor y sorpresa que José Luis R.B. mostró por lo sucedido cuando los Mossos d'Esquadra llegaron al domicilio formaba parte "de sus grandes dotes interpretativas".
Además de basarse en el comportamiento de José Luis R.B. --que al parecer se cambió la ropa que llevaba antes de producirse los crímenes--, las acusaciones se fundamentan en las pruebas practicadas sobre la rotura de los cristales de la casa y la sangre hallada en el suelo y en el aseo, y en la pérdida del reloj del procesado --que fue encontrado bajo el cadáver de su esposa--.
Independientemente de la pena de prisión, el Ministerio Fiscal reclama 360.000 euros de indemnización para las hijas del matrimonio --180.000 euros para cada una-- y un total de 180.000 euros para los otros familiares directos de las víctimas, cantidades que la acusación particular eleva a 1.200.000 euros y 750.000 euros, respectivamente. Los parientes de las fallecidas, no obstante, ya han anunciado que renunciarán al dinero en favor de las dos pequeñas.
NO EXISTEN PRUEBAS INCULPATORIAS, SEGÚN LA DEFENSA.
La defensa de José Luis R.B., por su parte, solicita la absolución del acusado, alegando que éste salió de casa antes de que se cometiera el crimen y que permaneció dos horas en la vivienda donde el matrimonio tenía previsto mudarse con sus hijas, situada también en Lliçà de Vall, para revisar las obras de acondicionamiento que se estaban realizando.
Según el abogado de José Luis R.B., todas la pruebas practicadas durante la investigación, entre ellas el análisis de las muestras de ADN recogidas en el escenario del crimen, han demostrado la inocencia del acusado y "han evidenciado de forma incontestable la presencia en el lugar de los hechos de dos personas cuyas identidades a día de hoy todavía se desconocen".
La defensa mantiene que el procesado intentó ayudar a las víctimas y asegura que la pareja, sus dos hijas y la abuela "vivían felices y en perfecta armonía", hasta el punto de que los amigos y conocidos de José Luis R.B. y Silvia C.A. les consideraban un matrimonio "ejemplar".
El procesado quedó en libertad provisional el 3 de diciembre de 2004, tras pasar siete meses en la cárcel, después de que la Audiencia de Barcelona estimara el recurso de apelación presentado por la defensa al entender que no existían indicios racionales de criminalidad evidentes que justificasen la medida de prisión provisional. Las hijas del matrimonio están bajo la custodia de su padre desde entonces.