Navarra recuerda en el cementerio de Torrero a las víctimas fusiladas en Zaragoza en 1936

Acto de homenaje a los navarros fusilados en Zaragoza en 1936
GOBIERNO DE NAVARRA
Actualizado 27/10/2018 18:41:21 CET

PAMPLONA, 27 Oct. (EUROPA PRESS) -

Un monolito erigido en el cementerio de Torrero (Zaragoza) recuerda desde este sábado a las más de 200 víctimas navarras, pertenecientes al Tercio Sanjurjo, que fueron fusiladas en el campo de San Gregorio, junto a la capital aragonesa, y enterradas en una fosa común en Torrero, en los primeros meses del golpe militar de 1936.

El descubrimiento de la escultura ha tenido lugar en el transcurso de un acto de reconocimiento, presidido por la consejera de Relaciones Ciudadanas e Institucionales del Gobierno de Navarra, Ana Ollo, y promovido por el Ejecutivo foral, Parlamento de Navarra y Federación Navarra de Municipios y Concejos. Ha contado también con la colaboración del Ayuntamiento de Zaragoza.

Durante su intervención, la consejera Ollo ha asegurado que el objetivo del acto "no es sólo recuperar la memoria de las víctimas que sufrieron una violencia injusta e injustificable", sino también reconocer "el trabajo y compromiso" de sus familias, que consiguieron, hace ya 40 años, exhumar los cuerpos. Una labor, que en opinión de la consejera, "fue clave en la reivindicación de memoria, verdad y justicia, que, en un camino largo, duro, difícil y sin apoyo institucional durante demasiado tiempo, ha hecho posible que estemos celebrando actos como el de hoy".

En este sentido, ha mostrado a las familias su agradecimiento por la "lección de vida" ofrecida. "Por su compromiso con la verdad y la justicia; por su solidaridad con otras víctimas, por su trabajo de reivindicación de la memoria y por su generosidad a la hora de mostrar el camino hacia la convivencia", "sin rencor, sin odio, reclamando la memoria de lo que ocurrió, el recuerdo de la injusticia y el dolor de la barbarie de nuestro pasado como forma de reforzar y afianzar nuestro compromiso con la paz, la libertad, la democracia y los Derechos Humanos", ha agregado.

Ana Ollo ha recordado los principales hitos de la exhumación, que congregó en Torrero más de 600 personas para recoger los restos de sus familiares. Pero más allá de esta realidad histórica, ha querido destacar la importancia del "relato más personal, más familiar" de sus propias familias reclamando que "no se olvide lo ocurrido". "Con ese objetivo, hoy celebramos este acto e inauguramos un monolito. Lo hacemos para recordar, para no olvidar, para que tengamos presentes a aquellos navarros tan injustamente asesinados, y, al mismo tiempo, para reconocer el valor de sus familias al reclamar verdad y memoria para sus seres queridos. Y lo hacemos para que las futuras generaciones puedan vivir, conscientes del pasado, en una sociedad más justa, más ética y más democrática en la que algo así no pueda volver a suceder", ha concluido.

Al acto han asistido también la presidenta del Parlamento foral, Ainhoa Aznárez; el presidente de la FNMC, Pablo Azcona; el alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve; el alcalde de Sartaguda, Paolo Albanese, así como miembros del Parlamento, representantes municipales de las localidades de procedencia de las víctimas, de asociaciones memorialistas y alrededor de 150 familiares.

La cita se ha iniciado con el Himno de Navarra, tras el cual han intervenido los alcaldes de Zaragoza y Sartaguda, familiares de asesinados (Paulino Molinet Martínez, Puri Pérez Jaso y Arcadio Ibañez), y la consejera Ollo.

A continuación, se ha procedido a descubrir el monolito conmemorativo, momento que se ha acompañado de un aurresku y de una jota. El acto ha finalizado con una ofrenda floral de los presentes ante la escultura.

El homenaje ha contado con interpretaciones musicales, entre ellas una canción ofrecida por Maité Mené y su hijo Josu Zabala, nieta y bisnieto de una de las personas asesinas y enterradas en Zaragoza.

La escultura es obra de Javier Unzué. Representa a un hombre cabizbajo, con los brazos en alto y con un agujero en el pecho. Tiene un doble significado. "Por un lado, simboliza a los asesinados en el momento del fusilamiento, con los brazos en alto mientras una bala atraviesa su corazón. Por otro lado, recuerda el sufrimiento de los familiares que quedan, desgarrados por el dolor y lamentándose con los brazos extendidos y con un hueco en el corazón por la ausencia del ser querido", ha explicado el Gobierno de Navarra en un comunicado.