Actualizado 01/07/2015 19:38

Andrés Aberasturi.- Y ahora elecciones plebiscitarias.

MADRID 25 Oct. (OTR/PRESS) -

El problema lo han llevado tan lejos que la negociación ha dejado de ser posible si es que alguna vez lo fue. Por una parte el presidente Mas y quienes le acompañan en su aventura sólo tienen un objetivo sentimentalmente legítimo aunque no parece ser compartido por una mayoría suficientes de catalanes: la independencia. El Gobierno de la nación, el partido que lo sustenta así como el principal partido de la oposición y la mayoría cualificada del Congreso de los Diputados tienen la Ley a su favor en un marco constitucional que no contempla siquiera la posibilidad de las aspiraciones de Mas. Y ya no hay terceras vacías. Desde algunos foros que tratan de ser equidistantes se empeñan en un imposible: tienen que negociar. Bien ¿pero negociar qué, exactamente? Porque ni la posibilidad -injusta por otra parte y que sería denunciada por el resto de las comunidades- de un trato preferencial para Cataluña, ni la solución federal del PSOE, parecen soluciones que los secesionistas estén dispuestos a aceptar. De nada se puede hablar salvo de la independencia, no hay nada que negociar salvo la secesión por las buenas o por las regulares. Y para eso el Parlamento catalán aprobó lo que aprobó apoyado -siento tener que recordarlo- por una de las meteduras de pata más histórica de Zapateros cuando era el presidente del Gobierno: "Apoyaré el estatuto que salga del Parlamento de Cataluña" y aunque naturalmente fue el propio Zapatero quien recurrió nada menos que diez puntos del estatuto que salió, lo dicho, dicho estaba y los independentistas catalanes comenzaron una carrera que nos ha llevado hasta donde estamos.

Y cada vez que uno escribe sobre el tema, las redes sociales se llenas de soflamas extremistas de un lado y del otro y de algunas reflexiones serenas y absolutamente admisibles del tipo "¿tan difícil es que acepte usted que queramos tener derecho a decidir nuestro futuro? A eso se llama democracia y usted es demócrata ¿o no?" Al margen de la puntilla final -que entiendo como irónica- el resto es absolutamente aceptable, pero nos devuelve inevitablemente al origen de todo; no se trata de discutir el derecho a decidir que, obviamente, es la base de la democracia; el problema no está ahí sino en qué se va a decidir y quienes van a participar en esa decisión. Y de la misma forma que no sería constitucional hacer un referéndum sin más sobre la restauración de la pena de muerte, tampoco se contempla esa posibilidad para el tema de la secesión -que es lo que nos ocupa- y menos aun si ese derecho a decidir sobre separarse o no del resto del estado, sólo afecta a los catalanes y no a todos los españoles. Si aceptamos el precedente en Cataluña, habría que aceptarlo también para el resto y volveríamos al cantón de Cartagena y su petición de formal de formar parte de los EEUU.

Y ahora, fracasado el proyecto del 9-N, convertido en un simulacro sin sentido por falta de las mínimas garantías y con graves discrepancias internas, se presenta la posibilidad de unas elecciones plebiscitarias que en primer lugar eran propias de los países soviéticos y en segundo lugar serían igualmente ajenas al orden constitucional. La mítica declaración unilateral de independencia, ni siquiera se ganaría por una mayoría reforzada -cuestión que se exige hasta en Quebec donde re reconoce que sería necesario que la eventual mayoría independentista si aspirase a ser tomada en consideración por el resto tendría que ser clara e incontestable. Y no se trata de ir contra Cataluña ni mucho menos contra los catalanes sino más bien de ser más coherente que patriota. Las cosas son como son y si se quieren cambiar habrá que hacerlo desde la legalidad. Me gusta -y lo tengo escrito- la idea de una Europa de los pueblos pero a fecha de hoy y con la que está cayendo lo primero es retejar para evitar las inundaciones en las que vivimos todos y una vez solucionado ese gravísimo problema, ya hablaremos del resto y habrá que preguntarse si ese resto es posible en un mundo global y si mejoraría o no la vida de los ciudadanos que es -debería ser- el único objetivo de los que voluntariamente se han prestado a representarnos a todos. Y todos, no conviene olvidarlo, son todos.

Últimas noticias sobre estos temas

Contenido patrocinado

Foto del autor

Francisco Muro de Iscar

Pero ¿qué es Vox?

Foto del autor

Fernando Jáuregui

Esto es algo parecido a un elogio a Pedro Sánchez

Foto del autor

Carmen Tomás

La propiedad privada, en almoneda

Foto del autor

Victoria Lafora

¿De qué va a vivir?