Publicado 10/06/2014 12:00

Antonio Casado.- ¿Pero, qué República?

MADRID 10 Jun. (OTR/PRESS) -

Todo está preparado para que este miércoles se lleve a cabo la votación del Congreso que hará política y jurídicamente efectiva la abdicación del rey don Juan Carlos de Borbón. Uno por uno y de viva voz, cada uno de los diputados se retratará sobre su adhesión o rechazo a la Monarquía Parlamentaria que desde 1978 corona la expresión política y jurídica de la soberanía nacional a la luz de la Constitución española.

Dicho sea precisamente en esos términos porque una esquina importante del debate interno del PSOE es si la ley es puramente procedimental, como sostiene la dirección del partido, o nos remite a la cuestión de fondo. El desenlace del pleito puede venir en forma de fugas hacia el "no" o la "abstención". Más posible hacia lo segundo (la ausencia es una forma de abstención) que hacia lo primero, a la vista de la situación creada después del compromiso de apoyo a la ley expresado públicamente por el aún líder socialista, Rubalcaba, mientras se alzaban algunas voces dentro del grupo pidiendo libertad de voto.

El grupo parlamentario socialista celebrará este martes 10 su habitual reunión previa a las sesiones plenarias. Aunque de la reunión no llegase a salir la noticia de que sus 110 diputados votarán en bloque a favor de la ley orgánica que abre el camino al reinado de Felipe VI, su respaldo parlamentario está más que garantizado en porcentaje cercano al 90 %.

Sin embargo, en el ambiente quedarán los ecos de las enmiendas que reclamarán la celebración de una consulta a los españoles sobre la forma de Estado que prefieren. Enmiendas de Izquierda Unida y el grupo mixto, que no prosperarán de ninguna manera pero contribuirán a alimentar la propuesta, a mi juicio totalmente extemporánea, de que los españoles sean consultados uno a uno, como los diputados del Congreso, respecto a la continuidad de la Monarquía. O sea, respecto a una eventual proclamación de la Tercera República.

Encuentro la controversia absurda, inoportuna, inútil y, sobre todo, ajena a una reclamación o demanda de los españoles, lo cual no supone descalificar políticamente a quienes apuestan a estas alturas por un cambio en la forma del Estado. Por supuesto que una parte de la izquierda, incluido el emergente "Podemos", y una parte del nacionalismo periférico, tienen derecho a defender la República como forma de Estado. El mismo derecho que otros tenemos a constatar que los anhelos de los españoles tienen mucho que ver con la recuperación de la España habitable que la crisis económica se llevó por delante y poco o nada que ver con el hecho de que en la punta de la pirámide del Estado haya un Rey, como el futuro Felipe VI, o un presidente de la República, como José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero, Francisco Marhuenda o Belén Esteban. Dicho sea con todos los respetos a la "princesa del pueblo".

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