Publicado 28/04/2015 12:00

Antonio Pérez Henares.- Los peligros de Ciudadanos.

MADRID 28 Abr. (OTR/PRESS) -

El éxito le ha sorprendido a Ciudadanos diez años después de su nacimiento. Porque el partido de Albert Rivera no es en absoluto un recién nacido. En su Cataluña natal, donde de lo que ha hecho bandera es de la Constitución y de España, irrumpió hace ya varias legislaturas donde ha ido obteniendo resultados crecientes, aunque hasta ahora humildes, y algún fracaso, como en las anteriores elecciones municipales. Tampoco era del todo novedoso en España y en su primera comparecencia en las europeas de 2009 se llevó un planchazo cuando se presentó en la coalición Libertas con Miguel Duran. Rivera aprendió mucho con el trastazo y en las pasadas del 14 emergió con dos diputados pero todo el mundo se quedó mirando a Podemos. Sin embargo el movimiento se había puesto en marcha y está ahora llegando a su punto de eclosión. La oruga parece que va a convertirse en resplandeciente mariposa de aquí a unas semanas.

Todo se les ha precipitado. Todo está yendo a velocidad vertiginosa. Hace nada escudriñaban en que comunidades autónomas podrían tener expectativas y presentarse. Tras Andalucía los reclaman en todas y han logrado hacer cerca de 1000 listas para ayuntamientos por toda España. Se augura que van a ser llave pero ellos quieren ser la clave. Tienen el líder mejor valorado o aún más el único bien valorado que no despierta rechazos excepto en los fanáticos; tienen discurso: la regeneración y la puesta en valor de los grandes principios constitucionales; tienen programa y propuestas que van exponiendo y abriendo un debate, algunas muy discutibles y que hasta pueden dañarles pero las ponen encima de la mesa y no caen en delirios demagógicos de si ganamos podemos pues jauja y un salario al bolsillo aunque sea sin trabajo. Tienen todo eso y una oleada generalizada de simpatías metroscópicas, mediáticas y opináticas amen una autentica riada de gentes que corren hacia sus filas desde los dos costados políticos amen de dejar en cueros a la agonizante UPyD que hace nada los despreciaba.

Y todo ello no deja de estar exento de peligros. Algunos muy venenosos que pueden convertir su vuelo en algo efímero. Y Albert Rivera lo sabe.

El primero de los riesgos es que en el aluvión que llama a su puerta hay buenas gentes que encuentran en Ciudadanos refugio e ilusiones renovadas. Que pueden venir de otros lados, ¿por qué no?, de donde se han marchado decepcionadas. Sí, pero también puede arribar un tropel de oportunistas, de caza cargos, que ven aquí la forma de acogerse a esta marca para seguir estando en el machito y aferrados a la teta de la vaca. De estos ya se empiezan a detectar unos cuantos y si se logran enquistar en las organizaciones y ocupar masivamente los cargos serán el germen de los peores disgustos para el inmediato mañana. En comunidades autónomas, ciudades y pueblos, ellos serán las caras dentro de nada, aunque las gentes ahora a quien vayan a votar sea a la marca y a Rivera, pero lo que ellos hagan y, por ello, caerá sin remedio sobre el líder y las siglas.

Sin embargo, el mayor peligro inmediato, el que incluso acecha antes de las próximas e inminentes urnas, es el de los pactos y el de las compañías. Albert Rivera ya ha tenido que impedir in extremis una especie de conjura, similar al pacto del Tinell catalán, en el que todos los partidos se juramentaban contra el PP en Murcia, PSOE, IU, UPyD y Podemos. Los dirigentes de la región ya estaban en ello y en ello parecen seguir estando, pero al menos Rivera les ha impedido firmarlo por escrito. Hubiera sido un error de alcance, pues de inmediato y a nivel nacional hubiera indicado una posición contra la que posiblemente estén en contra y muy radicalmente muchos de los que piensan votarles.

Y como un error comienza a percibirse el empeño en Andalucía de su dirigente regional de llegar al pacto con Susana Díaz. Al fin y al cabo en Sanlúcar, Marin, lleva ocho años gobernando con el PSOE. Se intenta endulzar la rueda de molino de los Eres con el apartamiento de Chaves y Griñán, y dorar la píldora con que dimiten. Lo que es simplemente mentira. Ni Griñán dimite de nada ahora, simplemente se acaba su mandato de senador, y aún menos Chaves, que dice que ya no será diputado en la próxima legislatura pero que cumplirá su mandato hasta el final de ésta. O sea, que seguirá aforado. Una tomadura de pelo que quieren hacer pasar por reivindicación conseguida. Da igual que de palabra o por escrito. ¿Y además?. ¿Con eso ya está todo zanjado? ¿Y Zarrías, Viera, Moreno y 200 más inculpados? ¿Y toda la trama?.

Para que Susana Díaz alcance la investidura necesita en segunda vuelta mayoría simple. Le vale la abstención de Podemos y Ciudadanos juntos o el voto favorable de alguno de ellos. Hacer lo segundo será un paso arriesgado. Pero peor pueden ser las excusas que están ofreciendo para hacerlo. Si se decide actuar así por estabilidad y responsabilidad porque ha sido la lista más votada es mejor y mas de recibo que andarse con ratonerías. Porque estas pueden volverse como un boomerang contra Ciudadanos. Estas eclosiones de libélula pueden ser muy vistosas pero también durar lo que su vuelo. Que se lo pregunten si no a Podemos que suena cada vez más a zumbido de moscarda.

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