MADRID 10 Feb. (OTR/PRESS) -
Ya es conocida la fluidez de asuntos que desfilan por la pelea electoral llamada precampaña. No se sabe si se ha agotado el 'asunto inmigración', que en España como en Francia ha continuado suscitando, desde la derecha de Sarkozy o de Rajoy, declaraciones contundentes y a menudo también excluyentes. Ha dicho Rajoy que en Francia no caben ni la poligamia ni el velo. Y Pizarro ha explicado que costumbres españolas son no robar ni tampoco mutilar al que roba, y que hay que recibir a todos los inmigrantes posibles, "pero ni uno más". Y ha habido bastante coincidencia en la izquierda en zarandear las posiciones del PP: De la Vega ha señalado que la propuesta de Rajoy invita al racismo, y que ensalza el racismo y la xenofobia, y Llamazares advierte que este PP se está subiendo a la extrema derecha. El propio humorista Forges se une a las críticas son su venablo desde la taquilla de entrada: "Le falta a usted la declaración jurada de ni rechistar ante la explotación laboral, el certificado del máster de pasodoble y me tiene que cantar el himno del Madrid", dice el funcionario al inmigrante.
Pues bien, acaso superaba esta nueva cuestión, ya tenemos otra nueva en escena, el asunto vasco y cómo afrontarlo. Lo han afrontado, parece que a la carrera, a ver quién llegaba antes o quién llegaba más lejos, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, buen conocedor de la materia, y la Sala 61 del tribunal Supremo. Una y otra instancias han determinado sus propias y específicas conclusiones en forma de autos de distinto calado e interpretación. ¿Cómo es posible que suceda tal competencia en la administración de la Justicia? El ciudadano queda, nuevamente, anonadado por esta duplicidad inadmisible y de difícil comprensión. Es del todo seguro que las dos instituciones, Audiencia Nacional y Supremo, pretenden una misma cosa: determinar si procede que sigan en la política dos formaciones, ANV y PCTV, con evidentes y comprobadas 'relaciones especiales' de dependencia, proximidad, colaboración, con Batasuna, formación que, a su vez, tiene una estricta dependencia y relación de la banda terrorista ETA. Con este organigrama, se entiende lo afirmado por Zapatero en San Sebastián, en medio de alborotos de los abertzales radicales disconformes y alborotados. Dice el presidente que en democracia no cabe quien se humilla ante las pistolas Y eso es lo que precisamente se pretende evitar y corregir: que haya formaciones que dependen de las organizaciones terroristas de ETA o proetarras. O también, imposibilitar, por todos los medios, que los dineros del Estado que subvencionan las actividades de los partidos, en los ayuntamientos o en el parlamento vasco, terminen llegando a la Banda armada, algo absolutamente inaceptable, incomprensible y digno de la condena general. Esa es la cuestión elemental: que hay quien se humilla y actúa en connivencia con quien tiene las pistolas.
José Cavero