MADRID 21 Feb. (OTR/PRESS) -
A Rufián solo le queda el reto del paracetamol. A ver si así le toma en serio la izquierda republicana, plurinacional y antitaurina. Sería un paso más en el engorde de Vox. Los de Abascal, encantados con la publicidad gratis que les hacen quienes se conjuran contra el fascismo: el pasado miércoles en la sala Galileo y este sábado en el Círculo Bellas Artes de Madrid.
Razón de más para recrearse en la espera. Doble contra sencillo a que la derecha a la derecha del PP seguirá dejando que corra el aire mientras los de Feijóo insisten en sus ritos de apareamiento. La estrategia está clara: nada de poder territorial (Extremadura, Aragón, Castilla y León, Andalucía) antes de ir a las elecciones generales.
¿Qué necesidad tiene Vox de jugársela en las instituciones autonómicas cuando le viene una cosecha récord a escala nacional, gracias a la campaña de quienes se han conjurado contra el salto al poder de los "fachas de mierda" (copyright Rufián-Santaolalla)?
Esta operativa perjudica la facturación del PSOE en las urnas, pero más al PP, cuya ventaja tiende a acortarse en las encuestas. No es algo alarmante, aunque en el caldo de cerebro de sus estrategas se advierte de que "la fase terminal del sanchismo va a ser la más peligrosa". Dicho sea en formato artículo de Faes ("La última carta") quince días antes de que el socialista García Page, presidente de Castilla-La Mancha, denunciara desde dentro del PSOE el acopio de efectivos y de recursos que está haciendo Sánchez para "perder ahora para ganar después".
Por ahí voy. En la Moncloa esperan que Sánchez gane en las generales de 2027 sin importarle el sacrificio de los cientos de alcaldes socialistas que van a caer si las municipales se celebran cuando toca (mayo 2027), dejando las generales también para cuando tocan (julio de 2027, con tope legal para convocarlas hasta el 16 de septiembre).
Ese análisis se basa en la presunción de que Trump desde fuera y Abascal desde dentro mejorarán la causa electoral del PSOE trabajando como salvavidas de Sánchez. Gracias en parte al caso Rufián y su cruzada contra los malos, la conclusión brota sola: el tiempo corre contra del aspirante a la Moncloa, De momento los ritos de apareamiento de Feijóo con Abascal potencian a Vox sin que crezca el PP.
A esos efectos, no le vendría nada mal un reconocimiento explícito de su liderazgo por parte de Díaz Ayuso, que compite ventajosamente en la poderosa circunscripción madrileña con la marca de Vox. Esa forma de reconocimiento rotundo no se ha producido. No significa que cuestione la autoridad de Feijóo, o no lo reconozca como candidato indiscutible a la Moncloa. Pero es verdad que Ayuso traslada la impresión de que su tarea es competir con Pedro Sánchez y seguir una hoja de ruta no siempre acompasada a la de su jefe político.