MADRID 25 May. (OTR/PRESS) -
El dibujante y humorista Peridis ya ha hecho famoso desde 'El País' el raca-raca de Ibarretxe, como si sus sucesivos planes para Euskadi fuesen unos molestos juguetes propios de un chaval latoso. Y Peridis es probablemente el más fino de cuantos desde Madrid acostumbran a arremeter contra el lehendakari, ya que los demás suelen ir a por todas contra el jefe del Gobierno vasco, sin percatarse de que cuanta más leña le dan en Madrid más sube él en Euskadi. Es un error en el que no suele incurrir Rodríguez Zapatero, que cuida siempre las formas con Ibarretxe, aunque su posición sea siempre contraria a las tesis del lehendakari.
A la pregunta de si Ibarretxe aburre o motiva, quizá habría que responder depende. Y no porque él sea gallego, que no lo es, sino porque una cosa es el calado de su mensaje en Euskadi, donde por muchos problemas internos que tenga el PNV sigue teniendo seguidores, y otra muy distinta es el rechazo evidente que suscita en gran parte del resto de España, apenas con salvedades o matices en Cataluña y Galicia.
Todo tiene su explicación: si algo quieren PNV y PSOE es polarizar la atención. El PSOE cree ahora que, tras su victoria en las pasadas elecciones generales en el País Vasco, puede desalojar al PNV de su feudo o, cuando menos, dejar el nacionalismo vasco tocado del ala. Al mismo tiempo, el PNV procura capitalizar todo tipo de apoyos, incluso más allá de su clientela habitual. Ambas estrategias, consciente o inconscientemente, persiguen un efecto no muy distinto del vivido en las generales en España: dar la impresión de que sólo hay dos opciones, lo cual, evidentemente, favorece a PSOE y PNV, del mismo modo que sucedió en marzo con el PSOE y el PP en España. En el fondo, unos y otros saben que, por mucho ruido que haga el raca-raca, nadie va a romper nada, mientras flota en el ambiente aquello que decía Quevedo en el sentido de si ¿nunca se ha de decir lo que se siente?
José Luis Gómez