MADRID, 26 May. (OTR/PRESS) -
Fue el símbolo de lo rudo y lo masculino, y un icono estadounidense durante muchos años. El vaquero más conocido y el actor con más papeles protagonistas en la historia del cine (142).
Es, como habrán adivinado, John Wayne, quien nació un 26 de mayo de 1907 en Winterset (Iowa) como Marion Robert Morrison, aunque desde su infancia sería conocido por el apodo de The Duke, (nombre de su perro), que le pusieron sus vecinos de Glendale (California) porque siempre estaba con su Airedale Terrier que se llamaba Little Duke.
Su excelente forma física parecía depararle una gran carrera como deportista. Sin embargo un accidente acabaría con sus sueños atléticos y también con su beca de estudios por lo que comenzó a hacer pequeños papeles de secundario como forma de financiarlos.
Y es que sus primeros años estuvieron marcados por la pobreza. 'Duke' era un estudiante bueno y popular. Alto para su edad, fue un jugador estrella de fútbol americano en la escuela secundaria de Glendale y fue reclutado por la Universidad del Sur de California (USC).
En esta universidad fue miembro de los Trojan Knights y se unió a la fraternidad Sigma Chi. El joven Morrison también jugó en el equipo de fútbol americano de la universidad bajo las órdenes del legendario entrenador Howard Jones. Una lesión sufrida aparentemente mientras nadaba cortó su carrera deportiva, y también perdió su beca deportiva, por lo que no pudo finalizar sus estudios en la USC.
COMIENZO EN EL CINE MUDO.
Su carrera cinematográfica comenzó en el cine mudo en la década de 1920, pero su éxito y fama se consolidaron entre las de 1940 y 1970. Su primer papel como protagonista llegaría en 1930 de la mano de Raoul Walsh en 'The Big Trail' (La gran jornada).
A partir de entonces comenzaría una monumental carrera que le llevaría a aparecer en más de 175 películas entre las que se cuentan títulos tan inolvidables como La Diligencia o El hombre tranquilo.
Nominado en varias ocasiones, obtuvo el Oscar al mejor actor en 1970 por True Grit (Valor de ley) estrenada en 1969. Muchos piensan que el premio fue otorgado en reconocimiento a sus 40 años de carrera, más que por su desempeño en este filme en particular, ya que tuvo mejores actuaciones en Río Rojo (1948), La legión invencible (1949 ) y The Searchers.
Wayne también estuvo nominado para mejor actor en Sands of Iwo Jima, y El Álamo (1960) estuvo nominada para el Óscar a la mejor película, de la que fue productor. Él también dirigió el film Boinas verdes (1968), la única película hecha durante la Guerra de Vietnam en mostrar soldados norteamericanos a favor del conflicto.
Conocido como el republicano más famoso de Hollywood, su imagen ha quedado asociada, para muchos, con el género Western y con las películas de guerra, a pesar de que en realidad trabajó en muchos otros géneros (biografías, comedias románticas, dramas policíacos, aventuras, etc).
"FEO, FUERTE Y FORMAL"
John Wayne sufrió cáncer, enfermedad que se atribuyó a la radiación a la que se había expuesto en 1956 durante el rodaje de la película histórica El conquistador de Mongolia.
Dicho filme se rodó en el desierto de Utah, cerca de un campo de pruebas nucleares, y el equipo de rodaje desconocía las posibles secuelas de su exposición al polvo radioactivo. La coprotagonista en el filme, Susan Hayward, también murió de cáncer al igual que el actor mexicano Pedro Armendáriz, Agnes Moorehead, así como otros más de los 40 miembros del equipo de filmación.
En 1964 se le diagnosticó cáncer de pulmón y fue sometido a una intervención quirúrgica para extraerle el pulmón izquierdo y dos costillas. De este tratamiento sobrevivío. Pero Wayne falleció el 11 de junio de 1979 a causa de cáncer de estómago, en el Centro Médico de la Universidad de California en Los Ángeles.
Según su hijo Patrick y su nieto Matthew Muñoz, sacerdote en la diócesis de Orange en California, se convirtió al catolicismo poco antes de su muerte.
El actor fue enterrado en el cementerio Pacific View Memorial Park, de Corona del Mar, California. Para evitar una posible profanación, su esposa, Pilar Palette, enterró su cadáver en una tumba anónima, mientras que se colocó una placa conmemorativa en un espacio sin tumba debajo. Pidió que su epitafio fuera "Feo, Fuerte y Formal", en español.