BOGOTÁ, 25 May. (OTR/PRESS) -
Expertos del departamento de Neurociencias de la Universidad Nacional de Colombia (UN) han identificado un gen a partir del cual se trataría la dislexia, dificultad que tienen los menores para aprender a leer y escribir.
Esta identificación se hizo tras investigaciones hechas a un grupo de 100 menores entre los 7 y los 11 años de edad, de los cuales cerca de la mitad presentaba este trastorno.
Los genes están compuestos por intrones y exones. Un desprendimiento que deja incompleto al citado gen DCDC2 (llamado deleción), así como la repetición de alelos -componentes de los intrones- aparecieron con mayor prevalencia en un grupo de niños y niñas con problemas de lectoescritura.
Aunque la deleción y la STR aparecieron en ambos grupos (el 51 y 49 -estos últimos con dislexia), fue más persistente en el último. De los niños y niñas con dislexia, nueve tenían la deleción o el desprendimiento de una parte del gen; los del grupo control tan solo tenían dos.
La razón de tal desprendimiento, que ocurre en el intrón número dos, y las distorsiones sobre una parte de este fragmento, conocido como STR (Repetición corta en Tándem, por sus siglas en inglés), aún se desconoce.
"El gen DCDC2 se expresa durante la migración neuronal, cuando la corteza neuronal está madurando; es decir, en la niñez, que coincide con los primeros años de escolaridad", explica la licenciada en Educación Especial y candidata a magíster en Neurociencias de la Universidad Nacional, Gineth López Colorado, quien avanza en la investigación.
Aunque se trata de una baja muestra y la literatura al respecto da cuenta de que los ambientes o entornos escolares pueden facilitar o desfavorecer los procesos de lectoescritura -entre otras medidas-, la investigación apunta a ser pionera desde el estudio molecular, al ofrecer pistas para tratar la dislexia en el ambiente hispanoparlante.
Dentro del análisis de genes -a partir de otras investigaciones adelantadas- se discriminaron 11 con mayor susceptibilidad al lenguaje, entre ellos el KIA, el DYX1C1, el DCX, el FOSFE2, y en el DCDC2 se evidencia mayor asociación con la alteración. Sin embargo, se sabe que la dislexia puede ser genética y no está asociada exclusivamente al gen DCDC2.
La investigación incluyó un grupo de escolares de dos colegios distritales de la capital del país, así como de una escuela para niños y niñas con epilepsia de estratos 2 y 3. Se excluyeron niños de estratos altos dado el componente del bilingüismo, para no trastocar los patrones de evaluación de la lectoescritura del español.
Los niños con dislexia requieren excesivos apoyos pedagógicos por las señales que manifiestan, entre ellas dificultad para aprender las letras (confusiones, por ejemplo, para discriminar la p, la q, la b, o la d), dificultad para leer palabras completas, dificultad para asociar consonante-vocal o incluso distorsión de palabras como tren, por tres o por ter; o hormiga por oruga, e incluso capitán por marinero, explica la agencia de comunicación de la UN.
Algunas de estas señales eran manifestadas por la mitad de los niños con diagnóstico escolar (evaluación de lectura), familiar o clínico (evaluación neuropsicológica) de dislexia (grupo experimental).
Previa aprobación de los padres de familia, el grupo de la investigación realizó tomas de muestras de sangre. En el laboratorio se sustrajo el ADN y se amplificó para cada uno de los polimorfismos, la deleción y para el STR.
Dados los resultados, no todos los niños o niñas que tienen problemas con la lectura padecen de dislexia. De hecho, hay dislexias de tipo fonológico, así como de tipo visual, dentro del déficit en los procesos de lectoescritura.
De ahí que las evaluaciones neuropsicológicas infantiles y de neuropediatría son claves en el diagnóstico, lo ideal es realizarlo entre los 6 a 7 años.