Andrés Aberasturi.- Una comisión sin sentido

Actualizado 06/09/2008 2:00:51 CET
Actualizado 06/09/2008 2:00:51 CET

Andrés Aberasturi.- Una comisión sin sentido

MADRID, 6 Sep. (OTR/PRESS) -

Dejando a un lado la repentina, sorpresiva -y desde luego interesada- prisa del Gobierno por lanzar como un misil en medio de la crisis económica, lo que más me llama la atención de la noticia no ya de una reforma sino una nueva ley que regule el aborto, es el sistema con el que pretenden proteger, y hasta cierto punto disfrazar, el proyecto.

Se basa ese disfraz en dos puntos que vienen siendo el denominador común de muchas decisiones del ejecutivo de ZP: la búsqueda del mayor consenso posible y la siempre socorrida comisión de expertos. Quede claro, antes de seguir, que no me gusta la ley que actualmente tenemos porque el primer y cuarto supuesto (peligro para la salud física o psíquica de la madre y situación socioeconómica, respectivamente) son tan amplios y tan escasamente medibles que se convierten en una puerta falsa que desvirtúa la propia Ley. Por otra parte -y a título absolutamente particular- he defendido que era mucho mejor una ley de plazos aunque, debo reconocerlo, es un tema muy serio que no tendré claro creo que nunca.

Y de ahí me vienen las sospechas sobre el disfraz de la nueva ley que se pretende. Naturalmente que el Gobierno va a buscar el mayor consenso posible, pero ya sabe con quién va a contar y con quién no. Y volvemos a lo de siempre: por mucha mayoría parlamentaria que consiga, si atendemos a los votos y no a los grupos y damos por hecho que el PP se va a oponer, media España estará por la nueva Ley y la otra media en contra. Pero este tema va más allá de la aritmética parlamentaria. Y aquí entra lo de la comisión de expertos.

Nunca una comisión de expertos va a dictaminar nada que se acerque la verdad objetiva en este caso por la sencilla razón de que el tema a debatir, roza la ciencia, es cierto, y el Derecho, es verdad, pero termina siempre en la personal convicción de algo que ni el Derecho ni la ciencia han logrado demostrar: cuando un óvulo fecundado empieza a ser sujeto de Derechos, empieza a ser, en definitiva, un ser humano. Y ese es el único quid de la cuestión. Pero como eso ni está demostrado ni parece que se pueda demostrar, cualquier debate sobra porque hay tantas razones de peso para defender una posición como su contraria.

Nadie va a señalar cuando comienza ese momento crucial en el que derecho de la madre entraría en conflicto con el del nasciturus; nadie lo va a hacer porque hoy por hoy es imposible. Más fácil lo tienen quienes defienden que el feto ya es portador de derechos desde el momento de la fecundación, pero también una afirmación tan radical puede ser -y lo es- más que discutible. ¿Para qué entonces una comisión de sabios? Tan sólo para que los que se oponen la acusen de parcial y para que sirva de escudo a los que defienden la nueva posible Ley. Pero el Gobierno, los expertos y los ciudadanos sabemos que es inútil.

Imagino que el Ejecutivo debe hacer lo que cree que tiene que hacer y -una vez más- insisto en que la Ley actual no es buena. Si la quieren cambiar, que lo hagan, pero de frente y por derecho: que no la saquen a la luz por sorpresa en una situación como la que vivimos para desviar así la atención de otros problemas porque una ley sobre la interrupción del embarazo es humana y éticamente mucho más importante que todas las crisis económicas juntas y que no escuden en un comité sabios porque otro comité diría todo lo contrario. Y del consenso, no insisto: saben de sobra que van a dividir una vez más a los españoles, pero ese es un precio que tal vez hay que pagar cuando se debaten cosas importantes y esta lo es; otras no lo eran y se expusieron a los mismo.

Andrés Aberasturi.