Andrés Aberasturi.- Rosa Díez con voz propia

Actualizado 03/01/2009 1:00:36 CET
Actualizado 03/01/2009 1:00:36 CET

Andrés Aberasturi.- Rosa Díez con voz propia

MADRID, 3 Ene. (OTR/PRESS) -

Aunque Churchill tenía razón cuando aseguraba que sólo creía en las encuestas que él encargaba, algo objetivo deben reflejar esos estudios con los que nos obsequian de vez en cuando los periódicos. Se ha analizado hasta saciedad cómo es posible que, pese a la que está cayendo, no sólo no baje el PSOE sino que no despegue el PP. Y de refilón se cita la subida de Rosa Diez y su UPyD.

Este país no es masoquista per se, de forma que si bien es cierto que un día gritó eso de "viva la cadenas", no parece serio que a 2009 nadie transforme aquel tremendo y humillante grito por el "viva el desempleo". Entonces ¿qué pasa? ¿Cómo es posible que en una segunda legislatura -que siempre debilita- después de haber negado una crisis que existía, con una destrucción de empleo verdaderamente alta, la construcción tan desplomada como la industria del automóvil, las pymes que no ven salida y todo esto y mucho más aireado por no pocos medios de comunicación el personal siga pensando que el actual gobierno es la mejor opción?

No creo que sea mérito del ejecutivo de ZP porque, ministro a ministro, sobran al menos la mitad; así que tal vez haya que volver los ojo al señor presidente cuyo optimismo visceral y tantas veces equivocado actúe como la música del flautista de Hamelin y es posible que termine contagiando a los votantes, al menos en la encuestas. Es el PP quién debe reflexionar porque lo que les ocurre no es normal: nunca ningún partido en la oposición tendrá un escenario tan favorable para tirar de intención de voto. Pero el PP no tira. Y cuando eso ocurre es que algo falla estrepitosamente: o falta líder, o falta equipo, o falta comunicación o falta un poco de todo. Pero no es normal.

Sobre la irresistible ascensión de Rosa Díez, alguna lección debería sacar por ejemplo IU. Porque Rosa Diez -a la que algunos acusan de oportunista- lo que hace es cantar las verdades del barquero, sin más, a diestra y siniestra; su discurso es el discurso de la gente y lo mismo da estopa al PP que al PSOE, aunque a su ex partido le toque más no por resentimiento como muchos aseguran, sino por la sencilla razón de que son los que están en el Gobierno. Algo así hizo Anguita en su momento y desde su posición: ser libre y despreciar a quienes le acusaban interesadamente de absurdos pactos con el PP (la famosa 'pinza' ¿recuerdan?).

Y es que en el Congreso nadie es nadie desde hace mucho tiempo; nadie tiene voz propia sino intereses, nadie habla desde la verdad de la gente sino desde extraños pactos o indisimulados mercadeos y así no hay manera. Rosa Díez llegó sola, se subió a la tribuna y dijo lo que mucha gente quería oír: que así no vamos a ninguna parte, que la realidad no puede adaptarse al discurso político sino más bien al contrario y que se han cometido muchos errores y alguna vez habrá que enmendar los disparates. Al PSOE su presencia le pone de los nervios aunque sólo se tenga a si misma y al PP le descoloca porque no es políticamente correcta y los de Génova tienen la sensación de que les está robando la cartera y, encima, desde la izquierda coherente.

Rosa Díez no cae bien a los políticos y desconfían de ella muchos medios de comunicación. Pero la gente -ay- va encontrando su propia voz en la voz de esta mujer menuda y las encuestas así lo certifican. Seguramente no va a ser profeta en su tierra -sólo seguramente- pero va a estar cerca. Ya veremos que pasa en la generales. Al menos muchos han visto en sus palabras un poco de aire fresco en el aburrido discurrir de unos partidos cada vez más previsibles, más caducos y más burocratizados.

Andrés Aberasturi

OTR Press

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