Actualizado 13/03/2007 01:00 CET

Antonio Casado.- Ecos de una manifestación

MADRID, 13 Mar. (OTR/PRESS) -

Si una manifestación está convocada por un solo partido, resulta poco discutible que estamos ante un acto de partido. Es de lógica pura. Eso es lo que distingue a la manifestación convocada el sábado último por el PP de las grandes y masivas manifestaciones que ya están en la historia de nuestra democracia y que han recogido la voz real del pueblo español, sin banderas, frente a cuestiones de fondo como el terrorismo (varias, pero siempre unitarias, incluida la del 11-M) o la amenaza al propio sistema democrático (la que siguió al 23-F). Incluso la que se llevó a cabo en contra la guerra de Irak. Es cierto que faltó el PP para que fuera unitaria. Convocaron todos los partidos menos el PP, amén de numerosas organizaciones de la sociedad. Pero la protesta desbordó de manera ostensible los límites de los partidos para convertirse en la real expresión pacifista de los españoles.

La manifestación del sábado pasado no encaja en las organizadas para protestar contra el terrorismo. Al menos los convocantes, y muchos manifestantes, a juzgar por los lemas difundidos, aparecían más motivados por acabar con el Gobierno que por acabar con ETA, aunque el pretexto fuese el desacuerdo con una decisión tan puntual como la de mantener excarcelado al etarra De Juana Chaos en su casa cuando salga del hospital donde ya está excarcelado -antes en Madrid, ahora en San Sebastián- desde hace varios meses.

Con estos precedentes, sólo podemos aplicar una plantilla de medición del éxito de la manifestación del sábado en función de tres cosas. La primera sería el retorno de De Juana a la prisión, no a su casa, una vez recuperado en el hospital. La segunda, un golpe de timón en la política antiterrorista de Zapatero, en línea con las tesis de Rajoy. Y la tercera, un avance sustancial del PP en sus expectativas electorales o, incluso, su victoria en las urnas de los próximos comicios generales, pues ya está clara su apuesta por el fracaso del Gobierno en su política de tratos con ETA y Batasuna en clave pacificadora del País Vasco.

Nada que hacer en las dos primeras. Zapatero ya ha dicho que no piensa rectificar respecto al régimen penitenciario impuesto a De Juana Chaos. Y, por otro lado, es impensable que quien se ha ganado en las urnas el derecho a dirigir la política antiterrorista -y el resto de las políticas, claro-, vaya a renunciar al mismo a favor de la línea que marque el PP. Nos queda la tercera: la eventual retribución de los votantes al PP por haber entendido o por haber canalizado la indignación de los ciudadanos ante lo que Rajoy califica como "cesión del Gobierno al chantaje de ETA". Si se quedara sólo en esta derivada electoralista, en caso de que la derivada fuera ventajosa para Rajoy, cosa altamente improbable, tendríamos el decisivo elemento de prueba sobre el carácter partidista que tuvo esta manifestación.

Antonio Casado

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