MADRID 24 Mar. (OTR/PRESS) -
El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zaptero, superó con nota alta su paso por el diván de Carlos Alsina. Estuvo transparente y creíble. Al menos en todo lo tangible. Es decir, lo que encaja en su derecho a ganarse la vida "a precio de mercado" fuera de la esfera pública, de la que salió en 2015 al abandonar su puesto en el Consejo de Estado.
No es el único ex presidente que presta servicios de consultoría o imparte conferencias. Naturalmente, retribuidas. "Es el fruto de mi trabajo", dice. Pero ninguno de sus antecesores ha dado tantas explicaciones. Tal vez, porque ninguno ha sufrido un acoso político y mediático tan inclemente, al margen de que sea más o menos reprochable su sintonía con el chavismo o su arropamiento a personajes como Otegi o Puigdemont.
Eso nos lleva al terreno de los intangibles. Lo que escapa al radar de una agencia tributaria o un tribunal de justicia. Es decir, todo aquello que puede ser reprochable desde el punto de vista moral, aunque ni de lejos sean comportamientos delictivos. Por ejemplo, esa metamorfosis que consiste en pasar de una conducta inspirada en valores sin lucro personal a una conducta basada en el lucro personal sin valores.
Uno no resaltaría esta perspectiva si el propio personaje no hubiera pregonado en su día que, al dejar la presidencia del Gobierno (finales de 2011), después de casi ocho años en la Moncloa, se iría a vivir a León con el sueldo que le correspondía como ex presidente del Gobierno y miembro vitalicio del Consejo de Estado.
Entre los dos suelos, unos 150.000 euros al año. No estaba nada mal, pero prefirió entrar en el bien retribuido mundo de la consultoría, a expreso requerimiento de empresas privadas (Análisis Relevante, aunque no solo), determinados gobiernos latinoamericanos y "otros pagadores" (se remite al principio de confidencialidad y no entra en detalles), que le proporcionan unos ingresos de los que rinde al Fisco un 42 %.
También está en su derecho a desmentir, con datos verificables, algunas de las mentiras circulantes sobre él. Le irrita especialmente que le endosen inexistentes viajes "en Falcon" a la República Dominicana, inexistentes gestiones cerca del Gobierno de Sánchez para facilitar el rescate la aerolínea Plus Ultra y que "alguien" hubiera montado un seguimiento de su encuentro "deportivo" en los montes de El Pardo con su amigo Julio Martínez, tres días antes de ser detenido éste.
En ese punto es donde sugiere que él no, pero quienes le fotografiaron furtivamente en su paseo con Martínez sí sabían que este iba a ser detenido y utilizaron las fotos para respaldar una mentira para desprestigiarle (a Zapatero, no a Martínez, que bastante tiene ya).
Alsina le preguntó por esos sabuesos de El Pardo. Y el expresidente respondió: "No tengo ni idea".