Carlos Carnicero.- Septiembre: más de lo mismo.

Actualizado 11/09/2009 14:00:21 CET

MADRID, 11 Sep. (OTR/PRESS) -

Reincorporarse a la observación política es un oficio que en España no tiene riesgos de desactualización. Uno puede subirse al tren de la actualidad después de un paréntesis de vacaciones y se encontrará al presidente del Gobierno y al líder de la oposición en el mismo estado y en la misma ubicación que antes de marcharse.

En síntesis hay un desencuentro estático; inamovible en toda situación y en todas las materias. Mariano Rajoy no tiene ningún afán de colaborar con el Gobierno ni en las situaciones de crisis más extremas. Con total ausencia de patriotismo, cree que el deterioro de la situación en España es la autopista que le dirigirá a La Moncloa. Y se ha sentado a ver pasar el cadáver político del presidente de Gobierno.

Y el presidente Zapatero no se siente incomodo en la perpetua crispación con la que le obsequia Rajoy: ambos están convencidos de que esa estrategia les conviene desde polos opuestos. Al final, el líder del PSOE cree que como ha ocurrido en otras circunstancias, la brutalidad de la oposición del PP, la amenaza de que pueda gobernar desde esos parámetros, movilizará y unificará a la izquierda para salvar al Gobierno socialista in extremis.

La crisis económica está adobada de toda suerte de pronósticos oscuros. Ya se reconoce el riesgo real de que un veinte por ciento de parados está a la vuelta de la esquina mientras los informes internacionales nos hunden en el foso de la falta de competitividad y las dificultades para el cambio de modelo económico imprescindibles. No hace falta ser extraordinariamente inteligente para saber que de una situación como esta no se sale en medio de una división política y social, sino desde una concertación de energías en donde las reformas en la educación, los planes económicos y fiscales, tengan un apoyo mayoritario de la sociedad a través de sus representantes.

No hay en el horizonte sino más de lo mismo. La Presidencia de la Unión Europea debiera ser otro motivo de consenso en las políticas, porque sin duda es una oportunidad que tiene España de liderar Europa en momentos de grandes convulsiones internacionales en donde se van a decidir los polos de influencia de los próximos años. Nuestra clase política no sabe ni contesta.

OTR Press

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