Charo Zarzalejos.- Los portavoces.

Actualizado 04/03/2011 13:00:28 CET

MADRID, 4 Mar. (OTR/PRESS) -

"Aquí hay un presidente y diecisiete portavoces". Esto lo afirmó el vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba casi el mismo día en el que fue "ascendido". La realidad se ha encargado de hacer verdad lo que en aquel momento sonó a frase ocurrente y plástica. Al parecer, la revuelta convertida ya en guerra civil de Libia disparó las alarmas. La reducción drástica del suministro de petróleo libanés aconsejó al Gobierno pensar en medidas que ayudaran a que nuestra factura no se fuera por las nubes. La intención ha sido buena pero la confusión absolutamente rotunda.

Primero fue la reducción del límite de velocidad a 110. Dependiendo de quien hagan las cuentas el ahorro podría ser del 7 por ciento, aunque los más realistas aseguran que rozaría el 1. Naturalmente quien viera las imágenes de Libia tenia pleno derecho a quedarse atónito que ante esa realidad la respuesta fuera reducir la velocidad. Resulta que esta medida es tan positiva que no sólo ahorra energía, sino que salva vidas y reduce la contaminación, según explico el propio presidente. Es buena pero sólo temporal. Si es buena ¿Por qué ha de ser temporal? Dependiendo del portavoz -Zapatero, Sebastián, Rubalcaba, Jáuregui_ la medida era buena para ahorrar, para garantizar la seguridad vial... Cada uno a lo suyo hasta el punto de que en un mismo día hemos escuchado que no hay peligro de suministro y lo contrario.

Luego vino el alumbrado de calles con la consiguiente duda de quién deberá financiarlo, si los ayuntamientos o el Gobierno central. El inefable presidente de la Federación de Ayuntamientos ha dicho que el Gobierno, pero Economía ha dicho que los ayuntamientos. Además de las calles se ha pensado en las carretera y el ministro de Fomento desmintió a fuentes de Fomento y no, no se va a quitar alumbrado, sólo se van a sustituir bombillas. Más tarde, hace apenas veinticuatro horas, el ministro Sebastián se reúne con las autonomías y propone cierre de edificios públicos a las seis de la tarde, un menor uso de coches oficiales y un plan renove de neumáticos en la convicción de que a medio plazo todo ello supondrá un importante ahorro energético. Las autonomías han dicho que muchas ideas ya están en marcha y para otras no hay dinero.

La buena fe hay que darla por descontada, pero a partir de ahí nos encontramos con demasiados portavoces para proponer cada uno de ellos una idea _para algunos meras ocurrencias_ que no una política. Fue en verano de 2008 cuando el ministro Sebastián presento un plan de ahorro con, nada menos, que 31 medidas concretas. Fue cuando el famoso episodio de la corbata. El ministro aconsejó ir sin ella en verano porque así se ahorraba aire acondicionado... No es serio, se mire por donde se mire, que en un país como el nuestro, altamente dependiente del petróleo de varios países y del gas de Argel, el Gobierno se entretenga con medidas que al final, por si solas, no van a ningún sitio. Tiempo ha habido para estudiar y debatir un plan energético para España. Lo único cierto es que Garoña se va a cerrar sin más argumento que el meramente ideológico.

Parece obvio que hay que ahorrar, pero el Ejecutivo llega en malas condiciones para convencer a los ciudadanos de que circulando a 110 se ahorra energía. Los ciudadanos están cansados y mareados por tantas medidas y por tanto portavoces. Como las medidas parecen inevitables, nos conformaríamos con la contención verbal de algunos. Para saber lo que quiere hacer el Gobierno basta con un portavoz y ahora hay demasiados.

OTR Press

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