Esther Esteban.- Más que Palabras.- Rajoy y el dolor de cabeza.

Actualizado 20/06/2009 14:00:26 CET

MADRID, 20 Jun. (OTR/PRESS) -

El dolor de cabeza de Mariano Rajoy tiene un nombre: Luis Bárcenas, el tesorero del PP sobre el que el juez Antonio Pereira ve indicios suficientes y posibilidad veraz para imputarle delitos de cohecho y fraude fiscal. Será el Tribunal Supremo quien debe asumir la instrucción del caso al tratarse de personas aforadas -ya que junto al tesorero estarían también el eurodiputado Gerardo Galeote y el diputado Jesús Merino-. Pero mientras la parte judicial sigue su curso y su ritmo -exasperante en ocasiones-, políticamente el líder de los populares no debería permitir la continuidad del tesorero, que ha venido a amargarle su momento dulce, tras la victoria de las europeas.

Tendría que ser el propio Bárcenas quien, por generosidad hacia su partido, presentara su dimisión y pidiera una baja temporal de militancia para liberarle de la carga que supone el fantasma de la corrupción, pero dado que no piensa hacerlo corresponde al líder retirarle de sus funciones en la calle Génova, aunque mantenga su escaño de senador. Rajoy ha dicho, reiteradamente, que actuará en consecuencia "si se probara que algún militante del PP ha hecho cosas que no son aceptables", y sus colaboradores recuerdan a todas horas lo ocurrido con el canario Soria que, después de haber pasado un auténtico calvario personal y judicial, fue absuelto de todos los cargos que se le imputaban.

Todo eso es cierto, pero que sea el tesorero del partido el que esté en el ojo del huracán es mucho más grave, ya que es el encargado de los dineros que proceden del erario publico y, por lo tanto, ha de tener las manos limpias y los bolsillos de cristal. Retrasar su cese es sumir al partido nuevamente en una agonía mediática totalmente innecesaria cuando las cosas empiezan a irle bien. Rajoy debe demostrar que su criterio es el mismo si se trata de criticar el nepotismo de Chaves y su "plan de empleo familiar" o de mirar a su partido y proclamar la tolerancia cero contra la corrupción, sin hacer distingos sobre la procedencia ideológica de los corruptos. En cuanto al tesorero ya saben: serlo y parecerlo.

OTR Press

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