MADRID 22 Oct. (OTR/PRESS) -
El Gobierno está en campaña. El objetivo es proclamar que hemos salido de la recesión y que lo peor ha pasado. El presidente Rajoy llevó la expresión hasta la cumbre de Panamá y es el mantra que inspira las declaraciones de todos los ministros. Del mismo guión parecen haber salido las palabras de Emilio Botín (presidente del Banco Santander) cuando en Nueva York afirmó que en España entraba dinero por todas partes. Es verdad que las exportaciones crecen a buen ritmo (alrededor de un 30% más que en 2010), y que el año cerrará con superávit de la balanza exterior, pero con más de cinco millones de parados -uno de cada cinco ya no cobra el desempleo y vive de la caridad-, parece aventurado decir que estamos saliendo de la crisis. Es como si no supiéramos distinguir entre crecimiento y bienestar. Cuando tantos y tantos que tan mal lo están pasando escuchan estas cosas, el mundo se les termina de venir encima. Y crece la depresión o el resentimiento. Que es uno de los motores de los cambios sociales. Las encuestas de intención de voto dibujan una imagen en la que lo más novedoso es el hundimiento de los partidos que tradicionalmente han sido hegemónicos. Baja el PP y sigue hundido el PSOE. Sube Izquierda Unida, sobre todo en las comunidades dónde es mayor el paro registrado, caso de Andalucía y Extremadura y crece, también UP y D. Ambas formaciones se benefician del rechazo que sufren los dos partidos que se han turnado en el poder en los últimos treinta años. El empobrecimiento de los asalariados (víctimas de ajustes generalizados tras la nueva reforma laboral) y la pérdida de poder adquisitivo de las clases medias (expoliadas por las brutales subidas de impuestos) ha destilado un estado general de descontento y desencanto respecto de la política. El Gobierno (PP) cuenta todavía con un núcleo importante de votantes -así lo reflejan las encuestas- pero esa fidelidad está siendo puesta a prueba por la política seguida en relación con el desafío separatista catalán. Del PSOE parece que se han olvidado hasta los más entregados a la causa. La crisis económica acentúa el descontento. Las encuestas traducen el rechazo a los políticos. Deberían tomar nota y cambiar de discursos. Antes de que lo nuevo -y en parte, desconocido- que pugna por nacer arrumbe con la viejo que se resiste a desaparecer.