Publicado 18/11/2025 08:00

Fermín Bocos.- La rebelión de los médicos

MADRID 18 Nov. (OTR/PRESS) -

Los médicos del Sistema Nacional de Salud están en pie de guerra. Rechazan el proyecto de la ministra Mónica García para reformar el Estatuto Marco que regula las condiciones laborales del personal médico y sanitario.

En una mañana muy fría y lluviosa varios miles -más de tres mil según la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos, organizadora de la protesta- se echaron el sábado a las calles del centro de Madrid, frente al Congreso y la sede del Ministerio de Sanidad, para denunciar el deterioro que sufren las condiciones en las que realizan su trabajo. Denuncian que la sanidad pública atraviesa una crisis que está poniendo en riesgo la viabilidad del sistema. El problema fundamental es la falta de médicos, circunstancia que se proyecta de manera muy negativa en las condiciones y horarios de trabajo de quienes tienen que suplir esa carencia.

Reclaman una jornada laboral atenida a la responsabilidad del servicio que prestan. No quieren 48 horas semanales ni médicos que, por acumulación de guardias, se vean obligados a trabajar incluso 60 o más horas a la semana. Es una barbaridad que genera un merma inevitable en la calidad de la atención a los pacientes.

Los médicos arrostraron las inclemencias de una mañana muy desapacible para denunciar los planes que pretende imponer la ministra de Sanidad, Mónica García. Reclaman un estatuto propio que reconozca la singularidad de su tarea mediante una clasificación profesional adecuada; que se reduzca la jornada semanal a 35 horas y qué de cara a la jubilación cuenten como cotizadas las horas de las guardias. Si no son atendidas sus peticiones los sindicatos anuncian cuatro días de huelga del 9 al 12 de diciembre.

Los médicos piden la dimisión de la ministra y recuerdan con ironía que buena parte de las medidas que reclaman son las mismas que exigía la doctora Mónica García antes de ser nombrada ministra. García, que en su etapa de portavoz de Sumar en la Comunidad de Madrid desplegó una intensa actividad agitadora, está ahora recibiendo abundante dosis de su propia medicina. Puede que esté descubriendo que no es lo mismo predicar que dar trigo.

Los médicos tienen razón. Atender sus justas reclamaciones es inaplazable porque lo que está en juego es la calidad y el futuro de un Sistema de sanidad pública del que depende la salud de millones de españoles.

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