MADRID 24 Ene. (OTR/PRESS) -
El trágico descarrilamiento de dos trenes en Adamuz (Córdoba) ha subido a la superficie las carencias de los sistemas de seguridad en los trenes y las vías por las que circulan los convoyes de Alta Velocidad. Carencias e interrogantes. Carencias desatendidas por los responsables de Adif y de Renfe pese a que habían sido detectadas y denunciadas tiempo atrás por los maquinistas de los trenes.
Es un asunto sobre el que no deberíamos pasar página a la espera de que los técnicos reporten las conclusiones a las que han llegado tras analizar las causas del accidente, porque lo sucedido demuestra que las quejas acerca de los problemas que los maquinistas detectaban en algunos tramos de las vías no solo estaban justificadas sino que siguen sin haber sido resueltas. La decisión de limitar la velocidad en determinados tramos en los que los profesionales habían detectado irregularidades rectificada poco después sin dar explicaciones -orden más contra orden igual a desconcierto-, aboca a la incertidumbre. El accidente, además de posibles deficiencias en las vías y los sistemas de rodamiento de los trenes ha revelado la sorprendente fragilidad en el sistema de seguimiento de los convoyes que esta centralizado en la estación madrileña de Atocha.
Los audios con las conversaciones que mantuvieron los controladores de ese centro con el maquinista del tren Iryo, y con la interventora del Alvia que había resultado herida en el descarrilamiento en el que ya había perecido el maquinista, han generado estupor. Estremece la frialdad con la que en el centro de control reciben los mensajes en los que les anuncian el accidente, y la extraña reacción operativa que revela que no sabían que eran dos los trenes que habían descarrilado porque no habían detectado la presencia del Alvia, el convoy que estuvo tiempo sin ser detectado. Uno de los viajeros que sobrevivió habla de un retraso de hasta dos horas, tiempo en el que los pasajeros del tren que había caído por el talud empezaron a ser socorridos por los servicios sanitarios.
El accidente que ha colocado a Renfe y a Adif en el foco de una actualidad doblada de tragedia -45 fallecidos- exige muchas explicaciones. Amén de las incógnitas acerca del estado de las vías y los factores que determinaron la colisión, ha puesto al descubierto la sorprendente fragilidad de los sistemas de control y seguimiento del recorrido de los trenes. El Gobierno -ministro de Transportes, gestores de Renfe y Adif- debe una explicación acerca de unos fallos en los sistemas de seguimiento y seguridad de los trenes que resultan inexplicables. Es probable que cuando en un primer momento Óscar Puente calificó de "extraño" el accidente supiera más de lo que nos ha contado después.