MADRID 10 Mar. (OTR/PRESS) -
En vísperas del 8-M uno se preguntaba qué peso tendría la represión a las mujeres en el Irán de los ayatolás en las celebraciones de este año. Ya a balón pasado se ha visto cómo el drama se cayó de la pancarta. Todo el protagonismo se lo llevó el "no a la guerra".
Un motivo suplementario para el engorde demoscópico del desprestigio del feminismo que respira por la izquierda. Y no habrá sido porque al asunto le faltase vigencia o, como suele decirse, rabiosa actualidad. Sin embargo, el rescate de las mujeres iraníes se perdió en la polvareda electoralista, a mayor gloria de Pedro Sánchez,
¿Cómo explicarlo?
Supongo que haber centrado las marchas y el manifiesto del Día de la Mujer en denunciar la política represiva de los ayatolás habría rebajado considerablemente el subidón pacifista que se respiraba, y aun se respira, en el Palacio de la Moncloa.
La lógica de esa inferencia se basa en la operación militar de EE.UU.-Israel contra el régimen teocrático de Irán, pues el eventual éxito de dicha operación supondría también la liberación de la mujer iraní.
Dicho de otro modo: un rugido de la pantera feminista contra la tiranía de los ayatolás tendría que haber pasado por celebrar de algún modo los rugidos de Trump y Netanyahu contra el execrable régimen de los ayatolas.
Pero eso habría distraído a los votantes "progresistas" que se han venido arriba aferrados a la pancarta del "No a la guerra", por mucho que los organizadores-as del Día de la Mujer hubiesen querido (no sé si fue el caso) anteponer feminismo a pacifismo. Y además hubiera dado la impresión de estar coreando a la diputada del PP, Cayetana Alvarez de Toledo, cuando, ella sí, había antepuesto el grito de "Sí a la liberación de las mujeres iraníes" al de ese "No a la guerra" que, valorado en el contexto vigente (no hay reglas sino relaciones de fuerza), es una forma de seguir aplazando el rescate de la mujer iraní.
Entre otras cosas, el manifiesto de este año decía: "No consentiremos que ningún gobierno ni partido político, sea del signo que sea, nos tutele". Pues me parece que lo han consentido. Deberían endosarlo al "rearme patriarcal" de la izquierda, cuando hemos sabido que hasta ahora se podía acudir a las manifestaciones del 8-M sin dejar de ser putero y, de izquierdas.
Es un hecho que este año el grito pacifista ha ninguneado la causa de la solidaridad con las mujeres iraníes, que llevan sufriendo a los ayatolás casi medio siglo sin ayuda de las cancillerías occidentales y sin que tampoco fuese prioritario en una operación militar que persigue consolidar la hegemonía de Israel en Oriente Medio. Lo de la liberación de la mujer iraní, en todo caso, sería un efecto colateral.