Fernando Jáuregui.- Conversación no tan 'retro'

Publicado 06/06/2015 12:00:07CET

MADRID, 6 Jun. (OTR/PRESS) -

Vivimos una época en la que nos invade la necesidad del cambio

-que personalmente comparto- junto al miedo al 'que vienen los rojos' -sensación que personalmente no comparto--, y la reticencia a las mudanzas -algo que no quisiera apoyar--. Pero hay cosas que han de permanecer, que constituyen la esencia de un Estado, incluso digamos de un Estado moderno: un país fuerte, que aspire a ser influyente, es aquel que ama su unidad, sus tradiciones, su himno, su bandera. Y a sus Fuerzas Armadas.

Claro, escribo este comentario, en estos tiempos convulsos, pensando en este día de las Fuerzas Armadas, este 6 de junio, una jornada que el Gobierno, y pienso que también el propio Rey Felipe, han querido celebrar de manera especialmente relevante. No siempre la utilización del himno, de la bandera, de la unidad, han sido ejemplares en España. Tampoco lo fue, cuánto siento decirlo, la actuación de las Fuerzas Armadas surgidas de la guerra civil, y esa falta de ejemplaridad duró demasiado tiempo. Ahora, durante horas firmando libros en la Feria madrileña, compruebo la cantidad de volúmenes dedicados a lo que ocurrió en noviembre hará cuarenta años: que murió Franco y Juan Carlos I ascendió al trono de España. Son, en general, libros desapasionados: la Historia, que no es algo que solamente escriben los vencedores, sino también los hijos de los vencidos, se ha adueñado, con frialdad, de estos textos rememorativos. Mucho, casi todo, ha cambiado en estas cuatro décadas de olvido, de perdón. Empezando por las Fuerzas Armadas.

Creo que los años transcurridos desde la muerte del dictador han hecho evolucionar profundamente la esencia de quienes componen eso que se llama, algo tópicamente, familia militar. Lo que conozco de nuestros ejércitos me resulta admirable: gentes surgidas de la entraña de la ciudadanía, impecables en el cumplimiento del deber, implacables a la hora de la dedicación a prestar ayuda allí donde se les requiera, infatigables en la defensa de las libertades, creo que incapaces de la menor represión al pueblo del que salen. Nuestros militares son hoy personas de gran preparación intelectual, insertos en el mundo occidental democrático, que saben disciplinadamente sufrir cuando es preciso hacerlo.

Y no son lisonjas tópicas o al uso las que estoy prodigando. Ojalá que todos los estamentos de la vida política o civil española, e incluyo a la 'clase' mediática, a la que pertenezco, hubiesen sabido evolucionar como lo han hecho nuestros militares. Nada que ver con lo que yo conocí cuando, allá por mediados de la década de los setenta, realicé mi servicio militar, en el cuartel de Leganés: salí avergonzado ante la falta de cultura y de ideales de aquellos que me impusieron como oficialidad.

Por eso, porque he aprendido, sin complejos de que me llamen 'carca' algunos miopes o mentecatos, a amar a 'estas' instituciones, al himno, a la bandera de la que algunos tanto abusaron, a la unidad de la patria y a la propia palabra patria, celebraré íntimamente este día de las Fuerzas Armadas. Creo que ellas han sido el mejor exponente de ese cambio que ahora muchos queremos trasladar a otros órdenes.

OTR Press

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