Publicado 17/07/2021 08:00CET

Fernando Jáuregui.- España, en rojo; Europa, en verde

MADRID, 17 Jul. (OTR/PRESS) -

El mapa de Europa es bicolor: la mayor parte de los países al norte de España se muestran en verde, con algunas 'manchas' en amarillo; la Península Ibérica se muestra en rojo, con especial intensidad en algunas zonas, como Cataluña o Madrid. Es la plasmación gráfica del estado de los contagios Covid, tal como la he visto en una imagen que se ha difundido en varios periódicos europeos, que presentan a España, en plena temporada turística, como un país que resulta peligroso visitar. No estoy seguro de que este resumen sea exacto y menos aún justo: pero refleja cómo nos ven, y temo que, por unas u otras razones, los analistas europeos nos contemplan poco compasivamente, por decirlo de alguna manera rápida.

Soy un apasionado (y obligado) seguidor de importantes diarios europeos y de dos norteamericanos. Y puedo constatar que lo peor es que no solo desde un punto de vista epidemiológico se ve a España 'diferente' en el corazón de la UE. Tome usted, por ejemplo, la enorme controversia jurídica entre 'estado de alarma' versus 'estado de excepción', derivada de una muy comprometida sentencia del Tribunal Constitucional, que ha llevado a una ministra -increíble, sí_ a decir que los jueces "son la oposición al Gobierno". Claro que otra ministra, de sesgo completamente diferente a la primera, nos habla de las "elucubraciones doctrinales" del Constitucional.

Creo que, cuando se ponen a ello -porque, en general, España ha dejado de ser noticia de portada-, no nos entienden. Ni el 'procés' ni los métodos para combatirlo. Cómo entender cabalmente, claro, la polémica que divide ferozmente a las dos Españas entre 'excepción' y 'alarma'; o entre calificar a Cuba como 'dictadura' o solo como 'no democracia'; o la gran pelea leguleya entre que si lo de los presos catalanes era 'sedición' o 'rebelión'; o que si indulto o aplicación de nuevo del artículo 155 de la Constitución. O ya, para llegar hasta el absurdo total, que si 'chuletón al punto' o todos casi veganos...

La judicialización y falta de flexibilidad de la política española, basada en el no entendimiento entre las fuerzas partidarias, ni siquiera en lo básico, nos están llevando progresivamente a ser una excepción entre las democracias europeas, que, en general se comportan de manera muy diferente a como nosotros lo hacemos. Mal asunto, para resumir todo un estado de cosas, cuando en una democracia se multiplican los conflictos entre los poderes clásicos de Montesquieu.

Así, la cosa se agrava cuando el Parlamento es el gran olvidado, los jueces se enrocan contra el Legislativo, el Ejecutivo regatea al Judicial, al propio Parlamento --creo que la presidenta del Congreso, sorda, muda y ciega, tendría muchas cosas que explicar sobre la inactividad de las Cámaras_y no digamos ya a los medios de comunicación. Y conste que no culpo solamente al Gobierno, sino que extiendo el diagnóstico negativo a buena parte de la oposición, a los jueces que se enzarzan en disquisiciones dispares y a veces conflictivas y, claro, al sesteante Legislativo. Y todo ello, en un país aterrorizado por los nuevos brotes del virus que van a golpear a nuestra salud, sí, pero también, y muy duramente, a nuestra economía.

Si usted recorre detenidamente los enfrentamientos entre instituciones y poderes registrados apenas en las últimas dos semanas, tendrá, necesariamente, que compartir conmigo que es lógico que los consejeros de información de las embajadas y los corresponsales extranjeros en Madrid envíen crónicas desconcertadas sobre el funcionamiento del Estado español. Quizá en ese desconcierto y en una patente descoordinación y en el desprecio a la transparencia residan muchas consecuencias indeseables. Incluso ese mapa en rojo frente a la 'verde' Europa: por algo será que estemos en el podio de los contagios cuando la vacunación va bastante mejor que en el resto de los países 'del entorno'.

Hago esta reflexión precisamente cuando el nuevo Gobierno de Sánchez, quizá liberado de ataduras que eran ya inconvenientes, inicia su andadura. Creo que no es tarde para escuchar a las muchas voces que van reclamando un cambio de talante y de talento. Me consta la preocupación de algún nuevo responsable ministerial por mejorar la imagen de España en el exterior. Y no, no voy a hablar nuevamente, como se hizo algunos meses atrás, de Estado fallido. España, con todos sus problemas, no lo es. Pero sí es un Estado que reclama muchas más mejoras y avances que un mero cambio de caras de ministros. Hay que cambiar mucho más que a algunos portavoces y 'portavozas'.

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