Publicado 07/11/2025 08:00

Fernando Jáuregui.- Nace una era, luego muere una era

MADRID 7 Nov. (OTR/PRESS) -

Ha caído en mis manos la edición francesa del libro de Juan Carlos I; apenas he leído unas páginas, además de lo que conozco que vienen publicando los periódicos. Pero es obvio que estas 'memorias' dictadas por el llamado -a él, dice, no le gusta que le denominen así- 'emérito' nos muestran una época que no volverá; es el testimonio, no sé si muy plausible, del penúltimo superviviente de una era. Una era que se nos va muriendo, que ya se ha muerto. Yo apuesto por ese Cambio, todavía no bien definido. Porque, la verdad, a peor no podemos ir.

Claro que, como todo libro de memorias, su autor (o co autor) olvida muchas cosas que no le gusta recordar, y, con todos sus méritos obvios, Juan Carlos de Borbón tiene mucho que olvidar, o que, como hace en el libro, obviar, citándolo como de paso, como si las trapisondas no hubiesen tenido tanta importancia. "Me equivoqué", dijo. Pero luego persistió en el error.

Nada que ver tiene el emérito con su hijo: era una relación llamada al desastre. Y menos aún tiene que ver con su nieta Leonor, que es el futuro que ya viene tocando a la puerta. Yo diría que hay un mundo decrépito, incomprensible para el ciudadano medio, y otro mundo que está surgiendo como drástico contraste. Pero no hay evolución, como nos gustaba a las gentes de la Transición, sino ruptura. Felipe VI ha roto, educadamente eso sí, con Juan Carlos I. La elección del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, tiene forzosamente que haber escandalizado en la Casa Blanca, porque este joven musulmán fuertemente de izquierdas representa exactamente lo contrario que Trump, quizá incluso saliéndose por el otro extremo.

Qué quiere que le diga: a menudo digo que la política, y la vida, es un péndulo. Unas veces está en un lado, pero acaba desplazándose al contrario. Y el péndulo infernal que nos hace estar regidos en el mundo por locos, inmorales lejanos a cualquier idea relacionada con el sentido común, ha empezado a moverse: nada será igual a mediados de este siglo, nada que ver, en ningún sentido, con lo de ahora. Será el mundo, con suerte, de Leonor I, de los 'zetas' actuales, que casi ni saben lo que de veras representó, para bien y para mal, Juan Carlos I, pero que tampoco parecen muy interesados en involucrarse para acabar con esta 'era Trump'.

Pero, lo mismo que ya jamás se podrá volver a las andadas del emérito, pienso que el declive de alguien como Trump y sus aplaudidores está llegando: Nueva York, Virginia, Nueva Jersey, California, son buenos ejemplos de que este declive, que va más allá del renacimiento de los demócratas americanos, se ha iniciado. Lo mismo que el ascenso de gente como Mamdani representa el fin de lo que representa esa Internacional Socialista, alérgica a cualquier revolución, socialdemócrata 'rosa' a su manera y que, por cierto, preside Pedro Sánchez.

Estamos en España en víspera de conmemoraciones oficiales que echan la vista atrás. Me llaman para actos, conferencias, congresos, relacionados con el pasado. El Congreso de los Diputados va a celebrar, es un decir, claro, el medio siglo de la muerte de Franco y el inicio de la Monarquía, lo que no deja de ser curioso cuando quien alienta esa conmemoración es un gobierno apoyado por republicanos. Claro que no se pasa de una era a otra sin contradicciones, balbuceos, sin alguna mentira y sin que la corrupción de lo que muere nos salpique a todos: digo bromeando que estamos como en Koldavia, lamiéndonos las heridas que nos provocó que gentes absolutamente indeseables hayan tenido, y tengan, tanto poder sobre nosotros. Pero el péndulo, tranquilos todos, ha empezado a moverse. Que se lo pregunten al enfurecido Trump. O a Juan Carlos I, claro.

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