Publicado 26/02/2026 08:00

Fernando Jáuregui.- No es solo el 23F lo que está bajo secreto, no

MADRID 26 Feb. (OTR/PRESS) -

Vaya por delante que apoyo la desclasificación de los 'papeles secretos' (algunos de ellos, para ser más exactos) del 23 F. Carecía de sentido mantenerlos lejos del conocimiento de los ciudadanos. Pero, para mí, eso no basta para otorgar una medalla de transparencia al Gobierno de Pedro Sánchez, envuelto en el mayor número de casos sin aclarar que yo recuerde en comparación con los gobiernos anteriores. Hay muchos asuntos cuya 'desclasificación' yo pediría al Ejecutivo y que, me temo, ni se han aclarado para la opinión pública y publicada ni, seguramente, se aclararán jamás. Por ejemplo...

Por ejemplo, sin ir más lejos, todo lo relacionado con el 'caso Pegasus' y el espionaje por un lado a los independentistas catalanes (sin autorización judicial, hasta donde sabemos) y el que, por otra parte, sufrieron el propio presidente Sánchez y varios de los ministros que guardan más información 'reservada', como los de Interior y Defensa. ¿Fue Marruecos el espía?¿Israel directamente?¿Qué información obtuvo quien espió, qué sabe que nosotros no sepamos sobre Pedro Sánchez, por ejemplo, un caso que, por cierto, provocó una muy extraña destitución de la entonces directora de los servicios secretos?

Bueno, admitamos que todo lo que se relaciona con Marruecos constituye una fuente de incógnitas por lo que se refiere a la actuación el gobierno español: brusco giro en relación con el Sahara, diplomacia oculta en lo tocante a las migraciones y la lucha contra el narcotráfico... Yo diría aún más: me atrevería a asegurar que, en general, el capítulo de las relaciones exteriores de España con buena parte del mundo está sometido a una opacidad -comenzando por las nulas explicaciones a la oposición- bastante malsana en una democracia.

Si usted quiere, hablamos de la visita clamorosamente 'clandestina' de la venezolana Delcy Rodriguez (y sus maletas) a España, o del tratamiento no menos clandestino (y no menos clamoroso) de la salud del líder polisario en una clínica española. O, en otro orden de cosas, podríamos citar las conversaciones para nada transparentes con los independentistas catalanes. O de los viajes privados en el Falcon, asunto sobre el que las repuestas a las preguntas de la oposición y de los medios son siempre insuficientes e insatisfactorias.

Conste que me he limitado a ofrecer, a vuelapluma, algunos ejemplos que, unidos a las inveracidades que nos 'cuelan' en no pocas versiones oficiales, hacen del Gobierno actual uno de los más opacos del entorno europeo. Y aquí, como periodista debo incluir las dificultades que los profesionales de la comunicación encuentran a la hora de recabar información de las fuentes gubernamentales, algo que atenta directamente contra esa libertad de expresión que el Ejecutivo tanto se vanagloria de defender.

Me resisto a unirme al grupo de quienes creen que la desclasificación de los 'secretos del 23F', para lo que este paso sirva, es 'una maniobra de distracción' del Gobierno para atenuar otras revelaciones, otros titulares que le son poco convenientes. O para atacar a algunos rivales que gustan poco al Gobierno, léase Felipe González o el propio rey Juan Carlos. En todo caso, esto de los 'papeles del golpe' no pasa, la verdad, de ser apenas una gota de agua en el desierto de opacidad por el que transita el Gobierno. ¿O es que nos van a decir que no nos conviene saber 'lo de Pegasus', o lo de Delcy, o lo que de veras se habla con Puigdemont porque dañaría a los intereses del Estado?

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