Fernando Jáuregui.- No te va a gustar.- Las víctomas del 27-M

Actualizado 26/06/2007 2:00:15 CET

MADRID, 26 Jun. (OTR/PRESS) -

Jaume Matas, el hombre que presidió, a mi entender con bastante tino aunque con algunas actuaciones cuestionables, las islas Baleares, ha dejado la política. Quizá asqueado del pasilleo que ha llevado al poder a una alianza multipartidaria que no ha ganado por los votos, pero sí por los acuerdos de reparto de prebendas. O quizá, quién sabe, obligado por las circunstancias, porque el propio Matas no desdeño el acuerdo con la parte menos ética y estética de ese mosaico, el pluripartito. Es la principal víctima del huracán del 27 de mayo, pero hay más: en Canarias, en Navarra, en tantas ciudades españolas, donde resulta que quien ganó en las urnas perdió en las covachas donde se ayuntaban muy extraños compañeros de cama.

Lo curioso es que nuestra muy peculiar clase política anda ya anunciando que está en los preparativos de las próximas elecciones, las generales de marzo (o antes, si, como me parece improbable, Zapatero decide anticipar los comicios). Como si nada hubiese ocurrido el 27 de mayo, que ha dejado tantas heridas abiertas en tantos corazones demócratas. Ni un atisbo de voluntad regeneradora de una situación que es, simplemente, escandalosa. Ni un oído prestado -ni un solo oído, en ninguna formación política- al clamor que pide una reforma urgente de la normativa electoral, para que no vuelva a ocurrir ese 'timo del pacto' postelectoral, que sorprende a los votantes yendo muchas veces contra el sentido que ellos quisieron dar a su papeleta. Ni una vista atrás para contemplar el paisaje, moralmente arrasado después de la batalla.

No soy especialista en la materia, pero resulta sencillo trazar las líneas maestras de lo que debiera ser una reforma consensuada de la normativa electoral, de manera que quien resulte más votado sea el que gobierne, garantizando el respeto a las urnas, y que sea el ciudadano, en listas desbloqueadas, quien elija a los candidatos que desee, no a los que le impongan los 'aparatos' de los partidos. O, al menos, imponer a corto plazo una reforma básica que obligue a los partidos a desvelar, antes de las elecciones, con quién realizarán y con quién no pactos postelectorales.

Hay analistas que, considerando (entiendo que de manera abusiva y mezclando magnitudes excesivamente diferentes) la marcha de las negociaciones con ETA, el desastre de comunicación organizado por Zapatero y hasta las muertes de soldados españoles en Líbano, dicen que el Gobierno está "en estado de shock". No lo creo. Aún no, al menos. Pero pienso que puede entrar en estado de coma si no arbitra rápidamente un programa de regeneración de la vida política. Pasar página, como si nada hubiese ocurrido en el estado moral de la nación en las últimas semanas, me parecería lo peor que nuestros políticos, los del Gobierno y los de la oposición, podrían hacer. Ya se ha dicho alguna vez que las próximas elecciones no se ganarán o perderán (confiemos) en función de lo que ETA haga o deje de hacer; pero sí en función del programa regeneracionista que los partidos puedan elaborar, y en función de que logren hacernos creer en su sincera voluntad de aplicarlo.

Pasaron, me parece, los tiempos en los que los españoles descuidaban la calidad de su democracia, que no se basa, me parece, apenas en votar cada cuatro años y, a continuación despreciar la voluntad de los ciudadanos. Y eso es exactamente lo que, una vez más, ha ocurrido.

Fernando Jáuregui.

OTR Press

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