Publicado 22/11/2025 08:01

Fernando Jáuregui.- Un triste colofón a la memoria de la Transición

MADRID 22 Nov. (OTR/PRESS) -

Las dos Españas se instalaron este viernes también en el Congreso de los Diputados, el mismísimo corazón de la democracia. Una España estaba presente en la sala Constitucional de la Cámara Baja, exaltando la transición, con el Rey al frente. La otra España no estaba ni se la esperaba, y entre los ausentes, además del ex jefe del Estado durante cuarenta años Juan Carlos I, figuraban Vox y, del otro lado, todos los partidos que apoyan al Gobierno de Pedro Sánchez, que tampoco estaba presente, sino de viaje oficial.

Obviamente, este acto, que se pretendía solemne y representativo, con los padres de la Constitución que están vivos, con los presidentes de Constitucional y del Consejo del Poder Judicial, con la familia real en pleno, hubiese merecido algo más de atención por parte de nuestras fuerzas políticas y quizá también de algún ex presidente de Gobierno: al fin y al cabo, eran cincuenta años de Historia lo que allí se dirimía o, más bien, se conmemoraba.

Escuchamos a algunos ponentes, como Adela Cortina y Juan José Laborda, además, claro, de al propio Rey, hablando de concordia, de consensos que, sin embargo, aquí no existen. Felipe VI dijo que "en el Congreso se encarna la idea de una España treunida"; pero este acto, que culminaba las conmemoraciones del teórico inicio de la Transición, fue más bien el de la desunión. No había sino que ver cómo el presidente del PP, Alberto Núñez Feijoo, y el ministro de Justicia, Félix Bolaños, sentados juntos, ni se dirigieron la palabra.

Podría aquí glosar las palabras del Monarca sobre la monarquía parlamentaria, en un discurso breve, que complementaba el pronunciado dos horas antes en el Palacio de Oriente. Pero prefiero aquí, porque me parece, ay, lo más significativo, hacer una crónica de las ausencias, ya digo, la otra media España. Solamente la Corona, a la que la mitad desdeña, puede ya unir a esas dos naciones que se miran cada día con más desconfianza, cuarteadas por la corrupción, los egoísmos, la incomprensión, la falta de patriotismo. No hemos aprendido nada de esa Transición que nos hizo envidiables para tantas naciones.

Me dolió que algunos del 'socialismo moderno' no quisieran ni saludar a los del 'socialismo antiguo' comenzando por Felipe González, que lucía su flamante toisón de oro en la solapa. Hemos hecho de la ruptura nuestra bandera. Y, mientras discurría este acto, tan triste para mí al menos, la presidenta madrileña, triunfante tras la sentencia al fiscal general que divulgó secretos que nunca debería haber mencionado sobre el novio de ella, echaba leña al fuego: Estamos, dijo refiriéndose a Pedro Sánchez y subiendo la escalada verbal "en una dictadura". Hay palabras que no se las lleva el viento y que sirven para inflamar los incendios. ¿Merecemos todo esto los ciudadanos, que al fin y al cabo somos los que pagamos los fastos y las nóminas de los siempre ausentes?

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