Publicado 22/02/2021 08:01CET

Francisco Muro de Iscar.- Antifascistas, gudaris y otros "luchadores por la libertad"

MADRID, 22 Feb. (OTR/PRESS) -

La libertad de expresión no es sagrada, pero hay que defenderla como si lo fuera porque es uno de los derechos fundamentales que diferencia una democracia de una dictadura. Incluso, aunque se falte al respeto a la verdad, aunque se mienta conscientemente. En este tiempo la mentira está tratando de asesinar a la verdad cada día, cada minuto, especialmente en las redes sociales. Es el tiempo de las noticias falsas, del impudor de los mentirosos, de los discursos viscerales que buscan el daño de los contrarios Y, a pesar de todo, hay que defender como sea la libertad de expresión.

Pero ¿qué tiene que ver la libertad de expresión con la entrada en la cárcel de un personaje deleznable como es Pablo Hasel, cuyo único bagaje es una carga profunda de odio contra los políticos, las mujeres, a las que desprecia, las fuerzas de seguridad o la Corona? Ese odio de Hasel es lo único que le une a las hordas organizadas que han sembrado de violencia y la furia estas noches en distintas ciudades españolas. Ni la mayoría de esos jóvenes salvajes antisistema --que deben formar parte también de "la generación mejor preparada de la historia de España"-- saben quién es Pablo Hasel, ni es su ídolo --no tiene bagaje para serlo--, ni les importa su condena ni sus ideas. Los que han ejercido la violencia brutal estas noches no son los que se han quedado sin empleo por culpa del Covid, ni los comerciantes que han tenido que cerrar sus tiendas y han visto quebradas sus economías, los que no han percibido ninguna ayuda todavía o los que no tienen techo y viven en la calle. Han sido profesionales de la violencia que no están atacando solo a las fuerzas del orden sino a los comerciantes y a sus familias, a los trabajadores y a los que están sufriendo. Y quienes han empujado a los violentos no son los perdedores de la crisis sino quienes forman parte del Gobierno de España o del de Cataluña. Hasta el conseller de Interior de la Generalitat ha reconocido que se ha quedado solo, porque su propio Govern "entiende" las razones de la protesta. Tan solo como los miembros de las fuerzas del orden. Y quienes hablan de "un nuevo modelo policial" o de reformar urgentemente la ley para que indeseables como Hasel no paguen con la cárcel sus injurias o sus ataques de odio a todo el mundo están en el gobierno de la nación o de Cataluña. Quienes quieren acabar con la apología del franquismo, son los que están dejando solas a las víctimas de ETA y permitiendo el enaltecimiento de ETA y de sus "apóstoles de la libertad" en tantos lugares del País Vasco.

Ni los gudaris han sido nunca luchadores por la libertad, ni Otegi es un hombre de paz, ni los antifascistas salen a la calle a luchar por las libertades, ni el ex presidente de la Generalitat, Quim Torra iba de farol cuando empujaba a los "antifascistas" a "apretar" contra las fuerzas del Orden ni Podemos calla, o sostiene lo que sostiene, porque le preocupa la libertad. La de los suyos, sí. Pero no se puede ser pirómano y bombero. Hay un peligroso discurso del odio en todo lo que ha hecho Hasel, en los de sus violentos y saqueadores compañeros de viaje y en otros muchos comportamientos públicos. El odio sólo engendra violencia y más odio. Y tiros en la nuca. Yo no quiero que Hasel vaya a la cárcel por sus delitos contra la libertad de expresión, pero, como cualquier ciudadano, debe pagar por esos y por todos los demás delitos que ha cometido. Yo le pondría en una brigada que trabajara para arreglar todos los desmanes que han causado sus amigos "luchadores por la libertad" en lo que es de todos y en lo que algunos ciudadanos han construido con su esfuerzo y su trabajo. Para indignados, nosotros.