Publicado 15/01/2026 08:01

Francisco Muro de Iscar.- Desguaces Bolaños

MADRID 15 Ene. (OTR/PRESS) -

No es fácil hacer un ranking de los ministros más inútiles y menos competentes de este Gabinete porque habría arduas peleas entre todos. Pero uno de ellos destaca con luz propia, el ministro Bolaños, titular de la cartera de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. Como ministro de Presidencia tiene poco que hacer, tan solo seguir disciplinadamente a su jefe y apoyar y jalear todas sus decisiones. Como titular de Relaciones con las Cortes, más de lo mismo.

El Presidente ha dicho que puede, y quiere, gobernar sin el Parlamento así que se limita a ir al Congreso y enredarse en la pelea con la oposición sin responder nunca a nada. Y Bolaños le sigue disciplinadamente. Y como el Senado está controlado por la oposición y el presidente lleva casi dos años sin acudir al Pleno y sin someterse al control de la Cámara Alta, a pesar de que tiene la obligación legal de comparecer al menos una vez al mes, pues Bolaños ignora al Senado. Lo que mande el jefe.

Pero es en el Ministerio de Justicia donde este ministro muestra su altura. No sólo participa activamente en la crítica a los jueces y a sus sentencias, siempre que son desfavorables para el Gobierno, para el presidente o para su familia, no solo apoya, defiende y venera al ya ex fiscal general del Estado, antes y después de su inhabilitación, sino que está logrando reformar la justicia para que nada funcione. Al margen de algunas leyes que se han puesto en marcha y han provocado desastres irreparables -aunque no sean de "su" departamento, como ministro de Justicia es responsable de todo lo que el Gobierno propone al Parlamento y envía al BOE- o de la mala calidad legislativa denunciada por todos, ahora tras la puesta en marcha obligatoria de los MASC -métodos alternativos de solución de conflictos- que están dilatando aún mas los procesos y encareciendo su coste para los ciudadanos, la ley de eficiencia puede llegar a ser el entierro de la Justicia.

Esta ley que entró en vigor el 1 de enero supone, entre otras cuestiones, la sustitución de los juzgados unipersonales, como los conocemos hasta ahora, por tribunales de instancia colegiados. Y aunque algunos no critican el fondo de la medida, todos coinciden en que esta reforma se ha puesto en marcha sin diálogo ni planificación, descoordinadamente, sin los medios personales e informáticos imprescindibles, sin la formación adecuada del personal -en algunos casos ha sido de 90 minutos- que ha pasado a depender de un juez a hacerlo de varios, con diferentes criterios y fechas de implantación en cada comunidad autónoma, con la falta de órdenes y protocolos específicos o con errores en los mismos, con retrasos en la adjudicación de plazas a los funcionarios, etc.

Así que el resultado es una pesadilla para los jueces, para los funcionarios, para los letrados de la Administración de Justicia, para los abogados, para los procuradores y, sobre todo, para los ciudadanos que reclaman algo a los tribunales. Un caos generalizado y una situación de colapso, nuevos programas informáticos que no funcionan, riesgos de pérdida de expedientes, funcionarios que no saben dónde está su puesto de trabajo, trámites que ahora tardan el doble. "Un puñetero desastre" como alguien lo ha resumido. Además, por supuesto del coste de todo lo que hay que cambiar y sustituir fuera y dentro de todos los juzgados. Eso sí, en toda la señalética, placas y rótulos nuevos que ya se han colocado se incorpora una leyenda final: "Gobierno de España". ¿Desde cuándo los juzgados y tribunales son "Gobierno de España" y no un poder independiente? Como dijo Sánchez en su día sobre el fiscal general, ¿de quién son los tribunales? Pues eso. Lamentable.

¿Desastre Bolaños o Desguaces Bolaños? Muchos no tienen dudas de que el Gobierno y sus socios quieren el control absoluto de la Justicia y de los jueces. Si no lo hacen es porque la Constitución no lo permite. Esto, como el descrédito de un Parlamento arbitrariamente devaluado, las amenazas a los jueces, el bloqueo legislativo por la falta de apoyos, el abuso del decreto ley o la pésima calidad legislativa suponen un retroceso creciente de la justicia. Y en todas estas maniobras de dar patadas hacia adelante está disciplinadamente Bolaños, aunque la mano que mece la cuna es la de Sánchez. Hay un riesgo real de que la democracia deje de funcionar si la justicia lo hace.

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