Publicado 27/11/2021 08:00CET

Isaías Lafuente.- Cumplir años

MADRID, 27 Nov. (OTR/PRESS) -

Escribo este artículo en la víspera de mi cumpleaños, una fecha que siempre vivo como un día de gran fiesta. Alguna vez he pensado que si fuera presidente de Gobierno impulsaría una modificación del calendario laboral para que cada cual pudiera celebrarlo debidamente, sin trabajar. Creo que el homenaje a santos, vírgenes y acontecimientos históricos de toda índole debería complementarse con el homenaje propio, para recordar ese día en que culminaron una serie infinita de casualidades y de encuentros de los cuales somos fruto.

Después hay que vivir, eso sí. Y la vida es como su prólogo, una sucesión de casualidades incontrolables, las que te llevan a cruzarte con desconocidos que se convertirán en grandes amigos, con personas con las que compartirás la vida y el amor. Casualidades que te marcarán los caminos en los que desarrollar tu vocación. Y ahí la suerte juega un papel fundamental. Yo no me puedo quejar. Nací en una España aún gris, con una dictadura que vivía sus estertores, pero he sido testigo del renacimiento de la democracia y he disfrutado de una libertad que mis padres nunca se hubieran atrevido a soñar.

Solo me preocupa el futuro, por quienes vienen detrás. Y contemplo con cierto miedo señales que nos indican que lo conquistado puede tener fecha de caducidad. Yo no creo que la historia se repita, pero a veces, como la comida indigesta, nos repite. Así que sería conveniente observar las señales que nos envían aquellos neonostálgicos que parecen añorar el pasado para poder así brillar de alguna manera en la grisura. Y actuar en consecuencia, para frenarlos y para poder celebrar muchos años más con tranquilidad.