Isaías Lafuente.- Ladran, luego cabalgamos

Actualizado 16/04/2008 2:00:23 CET

MADRID, 16 Abr. (OTR/PRESS) -

Suele decir la vicepresidenta De la Vega que cada vez que una mujer da un paso adelante todas las mujeres avanzan. También es verdad que cada vez que las mujeres avanzan en este país se activa el ejército de reaccionarios ocupado de mantener vivos los rescoldos del machismo. Pasó en la República, cuando su parlamento aprobó a duras penas el sufragio femenino sobreponiéndose a discursos que sostenían que la capacidad menguada de la mujer, consecuencia de su histerismo natural que sólo se relajaba en la edad de la menopausia, convertiría su voto en vicario: de las derechas, de los maridos, de los curas... Pasó en el franquismo, que se aplicó en corregir el error republicano y devolvió a las mujeres al hogar mutilando su capacidad civil. Todavía en 1975, Año Internacional de la Mujer, José Solís, la cara amable del último gobierno de Franco, se atrevió a decir que "las asociaciones políticas eran como las mujeres: cuanto más se usan, más se ensanchan".

La democracia no eliminó la costra. Desde 1978 hasta hoy, hombres públicos de toda índole han seguido alimentando el glosario de la misoginia. Desde el asco y la repulsa que provoca la violencia machista, produce estupor releer algunas sentencias judiciales que, ya en democracia, consideraban circunstancias atenuantes para los agresores hechos como que la agredida llevase minifalda o se hubiera sentado en un coche entre dos hombres, "en disposición de ser usada sexualmente".

El diseño del nuevo Gobierno, el primero con más mujeres que hombres, el primero en el que una mujer se ocupa de Defensa, el primero que incluye a una ministra que ya nació en un país libre, marca un hito del que sólo cabe sentir orgullo. Porque es verdad que el tiempo corrige muchos desarreglos, pero dilata los avances; y por eso la acción política tiene la obligación de acelerar la historia, como ahora se ha hecho. La salida de sus guaridas de voceros que llaman a las nuevas ministras "modistillas de Zapatero" y "cenicientas de la política", o ponen en solfa su capacidad por el hecho de ser mujeres, refleja de manera diáfana la persistencia de actitudes machistas, evidencia el largo camino que aún queda por recorrer y justifican gestos políticos que combatan el persistente virus de la desigualdad. Pero no hay que preocuparse en exceso. Don Quijote ya se lo dijo a su escudero: "Ladran, amigo Sancho, luego cabalgamos".

Isaías Lafuente.

OTR Press

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