Actualizado 08/05/2007 02:00 CET

Isaías Lafuente.- ¿Y quién te ha dicho que te disculpes por mi?

MADRID, 8 May. (OTR/PRESS) -

Lo más alucinante de las desgraciadas declaraciones de José María Aznar sobre el vino es que creyó dispararlas contra otros y se las estaba lanzando sobre sí. No sólo porque se retrató, haciendo chistes sobre cosas que no tienen ninguna gracia aunque se los ría un público entregado, sino porque fue un Consejo de Ministros presidido por él, el 23 de octubre de 1998, el que redujo drásticamente las tasas de alcohol y estableció las que hoy permanecen vigentes. Es decir, fue su Gobierno el que, responsablemente, dijo a los españoles que tenían que beber aún menos copas de vino de las que se permitían hasta ese momento si querían conducir después. No parece de ley que uno olvide las leyes que ha impulsado.

He pasado los últimos días esperando una disculpa del ex presidente Aznar, como otros muchos españoles, especialmente los que han perdido familiares por la culpa de bebedores listillos que creían controlar lo que bebían. No han llegado. Tardó tres años en reconocer, a su manera, la mentira sobre las armas de destrucción masiva en Irak, y aún no sabemos el tiempo que necesita para, además de admitir un error, pedir disculpas por ello. Es territorio ignoto.

Sólo he leído una referencia periodística según la cual "fuentes de su entorno" han aclarado que "en ningún momento Aznar quiso minusvalorar el riesgo de mezclar alcohol y conducción". Imagino el rapapolvo que se habrá llevado la fuente de su entorno cuando el ex presidente se haya dirigido a él, con su dedo amenazador, para recriminarle: ¿Y quién te ha dicho a ti que yo quiero que te disculpes por mí? O a lo mejor no. Quizás la filtración de la disculpa haya sido idea del propio Aznar para cubrir el expediente, soslayando una responsabilidad que sólo a él corresponde: la de pedir perdón o, sin llegar a tanto, la de explicar que tuvo un mal día, que, por supuesto, no quiso decir lo que dijo.

Seguiremos esperando sus disculpas. Y mientras tanto no podremos evitar acordarnos de él cada lunes cuando revisemos las listas de los muertos por accidentes de tráfico y encontremos historias como el dramático accidente de Jaén en el que una mujer borracha acabó con la vida de dos jóvenes: él, menor; ella, embarazada. Por cosas menos graves, en las últimas semanas muchos ciudadanos se acuerdan cada día de Zapatero cuando pagan un café o de Rajoy cuando revisan su nómina.

Isaías Lafuente.