Escaño Cero.- Un político heterodoxo

Publicado 03/04/2014 12:00:07CET
Actualizado 03/04/2014 11:59:59 CET

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Escaño Cero.- Un político heterodoxo

MADRID, 3 Abr. (OTR/PRESS) -

Así, a voz de pronto, lo que me parece más interesante del nuevo jefe del Gobierno francés, Manuel Valls es que es un heterodoxo, es decir que tiene criterio propio y es capaz de defender su criterio aunque eso le suponga salirse del carril.

Son pocos los políticos que se atreven a decir en voz alta lo que piensan, sobre todo, si no coincide con la línea oficial de sus partidos. Ya saben, el que se mueve no sale en la "foto" y eso es algo común en todos los partidos, ya sean de derechas o de izquierdas. A los que forman parte de la dirección de un partido político no les gustan los "espontáneos", los que son capaces de cuestionar algunas de las directrices y "verdades oficiales" del partido.

Hay que tener personalidad, estar muy seguro de uno mismo pero sobre todo no tener miedo al "aparato" del propio partido para ir en ocasiones en contradirección. Y esta es una de las características, de las señas de identidad del nuevo Jefe del Gobierno de Francia.

El sector más izquierdista del PSF cree que Valls no es lo suficientemente de izquierdas precisamente porque se atreve a cuestionar algunas de las "verdades" de la izquierda. Yo creo que Valls precisamente no es conservador, porque se atreve a cuestionar algunas de esas "verdades" y a plantear otra manera de ver las cosas, otras soluciones para los problemas de los ciudadanos.

Naturalmente solo el tiempo, es decir su gestión al frente del Gobierno, será la prueba del algodón. Veremos si más allá de su heterodoxia es capaz de gobernar con eficacia y dar respuesta por lo menos a algunos de los problemas más urgentes de la sociedad francesa.

No lo va a tener fácil entre otras cosas porque el presidente Hollande sabe que si Valls acierta puede hacerse con el santo y seña para ser el próximo candidato a la presidencia de la República desplazándole a él.

Los aprendices de Maquiavelo murmuran que François Hollande al nombrar a Manuel Valls le coloca en la picota. Otros analistas sin embargo creen que el Presidente Hollande ha nombrado al hombre que puede llevar a cabo las políticas que le marcan a Francia desde Berlín y Bruselas. Que lo hará sin complejos y correrá además con el gasto de una probable impopularidad.

Más allá de especulaciones lo cierto es que Manuel Valls se tiene que enfrentar a un país desnortado, asustado, que ha dejado de creer en sí mismo. Amen de lo que supone el avance del partido de Marine Le Pen. Porque es evidente es que en Francia en los últimos años ha ido creciendo el fantasma terrible de la xenofobia, el miedo al otro. La prueba es que la derecha pero también la extrema derecha que representan los "lepenistas" han ganado en estas últimas elecciones en bastiones clásicos de la izquierda.

François Hollande ha dicho que ha entendido el mensaje de los ciudadanos pero el sector más de izquierdas de su partido cree que su presidente lo ha entendido mal, que lo que los electores quieren es un giro a la izquierda y no a la derecha que es lo que para ellos supone el nombramiento de Manuel Valls.

Solo se sabe si un barco es bueno cuando se enfrenta a la mar. Veremos si el presidente Hollande ha acertado y si Valls es el hombre providencial en que algunos creen que puede convertirse. Gobernar es la mar donde se medirá la calidad política de Manuel Valls y donde se dirimirá si el presidente Hollande ha comprendido o no el mensaje de los ciudadanos. Tiempo al tiempo. Por lo pronto ha entrado en escena un político diferente. Manuel Valls.

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