MADRID 15 Abr. (OTR/PRESS) -
Cuando yo era pequeña, es decir hace unas cuantas décadas, recuerdo que "algunos" 14 de abril acompañaba a alguno de mis tíos al cementerio civil de Madrid para poner claveles rojos en la tumba de su abuelo Víctor. También recuerdo que mis tíos retraían el paso cuando nos acercábamos a una tumba que, años después, supe era la de Pablo Iglesias y que hablaban en voz baja, y miraban a uno y otro lado, a mi me parecía que sin ton ni son. Como si estuvieran expectantes. Pero todos estos recuerdos, aquellas sensaciones, las he ido ordenando con el paso del tiempo.
En realidad tardé muchos años en comprender a qué se debía ese ritual, quién era ese "abuelo" Víctor, el padre de mi abuela Teresa, y por qué siempre pasábamos cerca de esa otra tumba de un hombre que se llamaba Pablo Iglesias. Y así pude entender que esas visitas al cementerio civil cada 14 de abril tenían que ver con la República, palabra que entonces ignoraba lo que realmente significaba.
Reconstruir la memoria familiar con los recuerdos de antaño es una tarea a la que me he ido enfrentando sin siquiera proponérmelo. Por ejemplo, en casa se brindaba por "la Pepa". Yo creía que la Pepa debía de ser una prima de mi abuela, o una de sus amigas de la infancia, o alguien muy querida por la familia porque los brindis por la Pepa se sucedían en cada fiesta familiar. O incluso en aquellos almuerzos familiares en que, en voz baja, el abuelo Jeronimo y sus hijos, mis tíos maternos, hablaban de cosas que yo no alcanzaba a entender y de repente mi abuela Teresa decía: "Jeronimo...." señal de que la conversación tenía que terminar, momento en el que uno de mis tíos la guiñaba el ojo diciendo "Vale mamá, y viva la Pepa".
Tuvieron que pasar muchos años para que me enterara de que "la Pepa" había sido la primera Constitución, una Constitución de espíritu liberal aprobada el 19 de marzo de 1812, es decir el Día de San José. Sí, tuvo que pasar el tiempo para que entendiera que el 14 de abril era el Día de la República y la razón de que mi abuela Teresa se pusiera nerviosa cuando veía salir a sus hijos a visitar el cementerio civil. "Cuidado con la niña..." "Si veis cualquier cosa os vais... ya hemos tenido bastante como para que ahora..." -les advertía-. Son frases que retumban en mi memoria y que entonces no comprendía. Intento ir desbrozando en la niebla que envuelven los recuerdos las respuestas de cuanto acontecía en nuestra aparentemente monótona vida familiar. Es como si me enfrentara a hacer un puzzle en el que de cuando en cuando logró encajar alguna pieza.
Las medias palabras, los silencios, los recuerdos, las fotos ya de color sepia por el paso del tiempo, alguna carta o papeles que encuentro en alguna carpeta... Y así, con el paso de los años, he logrado comprender lo que para mi familia significaba el 14 de abril. No, no tengo mitificada la fecha, no creo que todo fueran aciertos en aquella República, lo que sí sé, es que lo que vino después, "el golpe" llevo a mi casa sufrimiento, pérdidas, y no solo de vidas, también la pérdida del futuro. Por eso ahora, cada 14 de abril siento un estremecimiento íntimo y, por un día, vuelvo a ser aquella niña que con una mano agarraba la mano de uno de mis tíos y en la otra llevaba unos cuantos claveles rojos envueltos en celofán. Sucedió, sí, todo esto sucedió hace muchos 14 de abril atrás.