MADRID 24 Abr. (OTR/PRESS) -
Barcelona siempre amanece radiante el Día del Libro. Sus calles huelen a rosa y en las aceras se amontonan las mesas repletas de libros. Creo que hay pocas fiestas tan hermosas como esta y me siento privilegiada por participar en ella. Los lectores acuden impacientes a comprar el libro que desean leer y que, dada la ocasión, puede ir acompañada del autógrafo de quien lo ha escrito. Hay libros para todo tipo de lectores, libros para los pequeños de la casa, libros para lectores exigentes, libros para entretener, libros para aprender, libros para soñar....
Sí, Barcelona nunca resulta tan acogedora, y tan atractiva, como el Día del libro, que es también el Día de Sant Jordi. Y ambas celebraciones están firmemente arraigadas en el imaginario de la ciudad. Por eso, en un día como hoy, sobran las amenazas, la política de bajos vuelos, el sectarismo. Y es que este año, en este este día, gravita la sombra de la amenaza de las huestes independentistas contra Eduardo Mendoza, por haberse atrevido a decir que el 23 de abril debería de ser solo el Día del Libro, y que Sant Jordi seguramente no existió y, de existir, era un maltratador de animales porque mató al dragón.
Estas palabras han llevado a unos cuantos fanáticos, algunos de renombre, a pedir que se recopilen libros de Mendoza para quemarlos en la Hoguera de San Juan. En democracia se discrepa con argumentos no con amenazas, como las lanzadas contra Eduardo Mendoza, al que algunos fundamentalistas le consideran poco catalán por no ser independentista.
Verán, yo estoy entre quienes creen que el 23 de abril es la fiesta del Libro por excelencia, una fiesta de todos y para todos, y sobre todo una fiesta que en Cataluña es sin duda una fiesta singular que hay que preservar. Creo que no es incompatible la fusion de ambas celebraciones, los libros y Sant Jordi,un santo sin duda literario porque es nada menos que un caballero que espada en mano se enfrenta a un dragón. Los dragones son seres miticos que hemos conocido a través de la literatura. Por tanto La fiesta del libro y Sant Jordi es una fiesta a preservar. Pero nada que merezca la pena se preserva con amenazas ni hogueras.
En cuanto a los convocantes de la quema de libros de Mendoza, no está de más recordarles aquel día de mayo de 1933 cuando cientos de jóvenes berlineses, codo con codo con las S.A se reunieron en el Opernplatz de Berlín para quemar libros que no consideraban suficientemente alemanes. El siniestro Josep Goebbels les felicitó por ello, mientras que un poeta, un poeta alemán, Heinrich Heine decía: "Donde se queman libros se terminan quemando también personas". Y eso es lo que sucedió en los campos de exterminio. A quienes han convocado la quema de libros de Mendoza, no solo les debería de dar vergüenza, sino que deberían de revisar el trasfondo de su propuesta que coincide milimétricamente con la de quienes en el pasado militaron en el nazismo y se dedicaron a perseguir y a asesinar a los que consideraban que no eran como ellos. Sucedió hace más de setenta años pero deberíamos olvidarlo.