Publicado 07/11/2025 08:00

Julia Navarro.- Fort Apache

MADRID 7 Nov. (OTR/PRESS) -

Pasan los dias y nuestro Gobierno continua mirando hacia otro lado ante la agresión sufrida por José Ismael Martínez, un periodista de El Español, a manos de la muchachada abertzale, cuando estaba cubriendo un protesta en Pamplona.

Tal es la animadversión que este Gobierno siente por los periodistas y medios que no controlan. También es vergonzoso el silencio de otros medios y colegas alineados con el Poder. Como lo es el de personajes públicos que suelen estar entre los habituales " abajo firmantes" de las causas más diversas. Así que cabe preguntarse a qué se debe este silencio ominoso que les debería provocar vergüenza, pero que en realidad les provoca indiferencia.

No es nuevo que políticos de toda ideología y condición suelan mantener una relación tensa con los medios de comunicación y los periodistas que no les hacen la ola. Es decir, llevan mal las opiniones críticas. Piensan que, en realidad, los periodistas no sabemos de la misa la media y que "escribimos" o "contamos" de oído. Sobre todo piensan que las preguntas molestas o cualquier apreciación crítica responde tanto a la mala fe como a la ignorancia.

Eso sí, dan por hecho que quienes les aplauden y les defienden hasta lo indefendible son los profesionales serios. Este Gobierno, con Sánchez a la cabeza, empieza a denotar el síndrome de Fort Apache. Se sienten rodeados y ven enemigos por todas partes, sobre todo en los medios de comunicación que se les resisten y no controlan. De ahí que callen y miren hacia otro lado cuando se produce un hecho tan grave como el que un periodista sea agredido con saña por un grupo de cachorros de uno de sus socios parlamentarios.

Su silencio les retrata. En realidad es la manifestación de lo mucho que les sulfura que haya periodistas que no estan a su servicio y, por tanto no pongan en valor lo que ellos creen que hacen bien y sin embargo destaquen sus errores o se atrevan a hacer preguntas que les resultan incómodas. En nuestro Gobierno hay quienes no terminan de comprender la diferencia entre la información y la propaganda. Creen que información veraz es aquella que va acompañada de aplausos a su gestión. Pero nada de esto es nuevo. Es algo que se repite en todos los Gobiernos, sean del color que sean, sobre todo cuando tienen problemas, no sólo con la opinión publicada, sino con la opinión pública, es decir, con los ciudadanos. Pero para la mayoría de los políticos el problema no son sus errores o desmanes sino el mensajero: es decir que alguien se atreva a contar o a preguntar sobre lo que está pasando.

De ahí que haya silencios que retratan como el de quienes han callado ante la agresión sufrida por José Ismael Martínez.

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