Publicado 12/01/2022 08:00CET

Julia Navarro.- ¿A quién creemos?

MADRID, 12 Ene. (OTR/PRESS) -

Con voz compungida, tanto que sonaba a impostura, el presidente del Gobierno ha dejado dicho en los micrófonos de la cadena SER, que lamentaba muchísimo la polémica desatada por la entrevista del ministro Garzón en The Guardian en la que ponía en cuestión al sector cárnico español.

Desde luego las declaraciones del ministro no favorecen a España, y de rebote, tampoco al Gobierno

Así que estoy a punto de creerme que realmente el Presidente lamenta la metedura de pata de su ministro de Consumo. Y es que Alberto Garzón ha metido la pata, no hay otra manera de calificar sus declaraciones al diario The Guardian en las que pone en solfa a toda la industria ganadera de nuestro país.

Otra cosa es que la reflexión del ministro debe de tenerse en cuenta para mejorar todo lo que haya que mejorar el sector ganadero.

Dicho esto es evidente que sus opiniones no son una anécdota sobre las que se pueda pasar página por mucho que la ministra Portavoz, Isabel Rodríguez, hiciera a su vez una declaración patética en que intentaba salvar al Gobierno diciendo que el señor Garzón había dado una opinión personal.

La señora ministra debe de pensar que los ciudadanos somos rematadamente tontos, porque es evidente que The Guardian ha entrevistado al ministro de Consumo, no a un señor llamado Garzón para que dé opiniones personales. Además, el propio Alberto Garzón la ha enmendado la plana reiterando que habló con The Guardian en su condición de ministro y así lo vienen reiterando desde las filas de Podemos.

En cuanto a la defensa del ministro desde las filas de Podemos empieza a resultar cansino que a todo aquel que discrepe con ellos se le cuelgue el "sambenito" de fascista.

En una sociedad democráticamente sana la crítica es uno de los pilares del sistema.

El quid de la cuestión es que el ministro Garzón ha puesto el dedo en la llaga de la ganadería intensiva, de las llamadas macro-granjas, un tipo de negocio que sin duda hay que revisar. Pero el problema no es que el señor ministro, desde su ministerio, trabaje en esa dirección, sino que no haya medido el impacto y desprestigio que supone para España que un ministro del Gobierno cacaree que la carne que se produce en nuestro país no se hace en las mejores condiciones y además es de mala calidad.

Si esto es así lo que tiene que hacer el ministro es trabajar para que se produzca un cambio urgente de ese sistema productivo en vez de hacer declaraciones dañinas que, como digo, dejan en entredicho a la industria cárnica de nuestro país. Lo cierto es que si los ciudadanos españoles nos tomamos en serio las declaraciones del señor Garzón ahora mismo habría que dejar de comprar y consumir carne de ganaderías españolas.

El problema del señor Garzón es que le han hecho ministro de una dirección general, la de consumo y que, salvo ruedas de prensa y puestas en escena, poco tiene que hacer. Pero insisto, dentro de ese poco debería de trabajar con eficacia para cambiar lo que haya que cambiar y ya digo que en mi opinión sin duda hay que revisar el modelo de las macro-granjas. Es más, me pregunto porque el ministro no hecho nada hasta ahora y cuando se ha decidido a alzar la voz ha sido nada menos que en un diario británico.

El Presidente viene repitiendo, lo mismo que algunos de sus ministros y Presidentes autonómicos, asegurando que apoyan a la industria cárnica y desmarcándose del ministro Garzón. Pero, el propio ministro ha dejado dicho que él va a continuar en el cargo, o sea que parece que tanto le da lo que opine el Presidente y el resto del Consejo de Ministros. O sea que cada uno va a lo suyo así que los españolitos de a pie podemos preguntarnos que a quién debemos de creer, si al ministro Garzón que ha puesto en cuestión el modelo de ganadería y la industria cárnica o al Presidente Sánchez que expresa su más rendido apoyo a los ganadores y a la industria cárnica.

Me temo que de credibilidad no andan sobrados ni el uno ni el otro.

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