Actualizado 18/12/2009 13:00 CET

Luis del Val.- Paradojas económicas.

MADRID, 18 Dic. (OTR/PRESS) -

De la misma manera que la vida es muy corta para entender el nacionalismo, no todas las inteligencias están preparadas para comprender la ciencia económica.

Recuerdo no hace mucho, cuando estábamos en pleno ardor del llamado Plan de Convergencia Europea, que una de las exigencias que nos imponían nuestros queridos socios era que la inflación no podía superar el 3 por ciento. Cada mes, antes de hacerse pública la subida de los precios, conteníamos la respiración, porque si al cabo del año superábamos el tres por ciento ni nos amaban, ni nos admitían como socios. Había meses en que nos poníamos muy contentos y, otros, en que los sacerdotes de la Ciencia, o sea, los economistas, si el porcentaje era muy alto, nos decían que teníamos que estar muy tristes, porque íbamos por mal camino.

Desde hace unos cuantos meses, los precios bajaban, y los que no estamos en el secreto pensábamos que eso era bueno -¡ya sólo faltaba que además del paro perdiéramos poder adquisitivo!-, pero los economistas dijeron que si eso se prolongaba podía haber peligro.

En el último mes han subido los precios, sigue creciendo el paro, pero los economistas están alborozados y muy contentos porque dicen que el peligro de la deflación ya ha pasado, o sea, que si tienes mucha inflación te pueden despachar de la Unión Europea y si sucede lo contrario a los economistas les parece fatal, lo que demuestra que esto no es para todas las cabezas, como el ballet no es para todas las piernas.

Le he dicho a mi mujer que tiene que estar alegre porque las cosas han subido de precio y ella me ha dicho que nunca he bebido fuera del fin de semana, y que parece mentira. Mi amigo el economista me ha intentado explicar las diferencias entre la macroeconomía y la microeconomía, pero no he entendido casi nada. Y, encima, mi mujer piensa que me he echado a la bebida. Todo es muy extravagante.

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