Publicado 15/01/2026 08:01

Luis del Val.- Vivienda y comunismo de salón

MADRID 15 Ene. (OTR/PRESS) -

En las dictaduras comunistas no hay problemas de vivienda, y todo el mundo tiene un techo bajo que el dormir, aunque sean 20 metros cuadrados para cuatro personas. El sector comunista del Gobierno, si le dejaran, terminaría con el problema de la vivienda en menos de un año, con arreglo a una planificación tradicional: Primero, expropiación de todas las viviendas de alquiler. Segundo, llevar a cabo un censo y una oficina estatal, que daría empleo a miles de personas en toda España. Tercero, adjudicación de las viviendas, con arreglo a la igualdad jerárquica tradicional, es decir, las más grandes y espaciosas estarían destinadas a los altos cargos del comité central, luego se atendería a los familiares directos de los altos cargos, y, a continuación, estarían los amigos de los jerarcas y, por fin, los camaradas militantes del Partido. Por último, las viviendas que quedaran se repartirían entre los ciudadanos en general. Puede que el proceso durara un par de años, pero el problema quedaría solucionado.

De momento, el procedimiento es inviable porque vivimos en una democracia capitalista, y existe ese escollo terrible, que es la propiedad privada, y un régimen económico que se basa en la oferta y la demanda. Como el comunismo gubernamental que hay en el Gobierno es comunista ideológico a tiempo completo, y capitalista practicante cuando se compra un piso o un chalet, intervinieron el mercado del alquiler y lograron que, la mayoría de los pequeños caseros, se asustaran ante el intervencionismo, retiraran del mercado el piso, y lo pusieran a la venta.

Se calcula que, poco a poco -y de manera continua- uno de cada tres pisos de alquiler se retiraron de la oferta. Inmediatamente, subieron los pisos de alquiler al haber muchos menos y, cuando la gente comprobó que el alquiler mensual equivalía a una cantidad superior al pago de una hipoteca, muchos jóvenes españoles, con ayuda de sus padres, se endeudaron para comprar pisos y, ante la demanda de compradores, también subió el precio de los pisos en venta, con lo que se logró todo lo contrario de lo que se proponía. Es lo que tiene pretender gobernar con métodos de dictadura comunista un país capitalista democrático. Ahora, intentan solucionar el problema que han creado, perseverando en el error de volver a intervenir en el mercado. Y Pedro I, El Mentiroso, lleva su segundo año triunfal de prometer miles de viviendas sociales, cuyos planos todavía no se han encargado a nadie, si se sabe dónde estarán los solares. Pierdan cualquier esperanza. Estamos en manos del comunismo de salón.

Contador

Contenido patrocinado

Foto del autor

Antonio Casado

Compasión y solidaridad

Foto del autor

Rafael Torres

La sabiduría de los viejos ferroviarios

Foto del autor

Fermín Bocos

La implosión de Sumar

Foto del autor

Fernando Jáuregui

Un país petrificado