Actualizado 08/09/2010 14:01

Carmén Tomás.- El punto y coma.

MADRID 8 Sep. (OTR/PRESS) -

Todo el que sabe algo de escritura conoce la importancia de la puntuación. Parece que los representantes de PSOE y CIU andan discutiendo en las horas previas a la aprobación definitiva por el Congreso de la reforma laboral de eso de un punto y coma, ya que de su existencia o no depende la interpretación de lo relativo a las causas objetivas de despido. A mi me parece muy bien y lógico que se quieran dejar bien sentadas las bases de ese punto crucial de la reforma laboral. Sin embargo, hay que poner en contexto la situación en la que estamos y en si a estas alturas los políticos se pueden permitir estar debatiendo sobre el famoso punto y coma.

Estamos ante la inminente aprobación de una reforma laboral incompleta, insuficiente y raquítica. Tenemos en este país casi cinco millones de parados y sin visos de que la cosa vaya a cambiar y unas horas antes discutimos si es coma, punto o punto y coma. Cómo quieren que nos tomemos en serio a estos políticos. Resulta que CIU pone a parir las políticas de Zapatero, le ve como el peor político que ha dirigido a España en democracia y está a ver si le apoya en un asunto crucial que no convence a casi nadie. Cuándo se enterarán que los problemas de los ciudadanos son más acuciantes cada día y que no hay rumbo para sacarnos de ellos.

Hemos tenido que soportar las últimas declaraciones del señor Corbacho asegurando que volver a los niveles de empleo anteriores a la crisis costará tres o cuatro años, si todo va bien. Un ministro que negaba que llegáramos a cuatro millones de parados y que ahora no se sabe si es ministro o candidato. ¿Le importamos a alguien? Se aprobará esa especie de reforma laboral con punto y coma o sin él y no cambiarán las cosas, porque falta lo fundamental: confianza en que los que están dirigiendo este país van a ser capaces de solucionar los problemas reales de los ciudadanos. Y no hay confianza porque no hay un plan para hacerlo. Se improvisa hasta tal punto que a horas de esa reforma que se consideraba crucial estamos en un punto y coma. Es desesperante. Ahora nos van a fiscalizar las cuentas desde Bruselas. Nadie quiere más sustos a la griega o sorpresas como la española con déficits insoportables y situaciones cercanas a la quiebra que hunden a España y por contagio a sus socios. Ya no se puede estar más intervenido. Es una esperanza.

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