Rafael Torres.- Morir trabajando

Publicado 03/09/2019 8:01:37CET

MADRID, 3 Sep. (OTR/PRESS) -

En éstos tiempos de feroz tiranía de la imagen, lo que no se ve, no existe. Lo que no se ve en televisión o en internet, lo no captado y divulgado por alguna de los millones de cámaras, fijas o portátiles, que diseccionan nuestra vida, no existe, de modo que las muertes en accidente laboral de 652 personas en España durante el pasado año son, en puridad, como si no hubieran existido.

Pero sí existieron esas muertes, así como el rastro de dolor que dejaron y como la certidumbre de que la mayoría habrían podido evitarse extremando las medidas de seguridad en el trabajo. Pero nadie las grabó con su móvil, y en raras ocasiones hubo otras cámaras en el tajo que registraran el instante fatídico, así es que pasaron a engrosar la estadística y no a conmovernos o a indignarnos. La otra noche, sin embargo, sí había cámaras enfocando cuando una bailarina, una trabajadora, cayó mortalmente derribada por la brutal explosión de uno de los artefactos pirotécnicos que adornaban su actuación en una verbena de verano.

En la desoladora muerte de esa joven bailarina, Joana Sáinz, miembro de la orquesta "Súper Hollywood", están contenidas todas la habidas en accidentes laborales, todas esas que no trascienden y que, por no trascender, abonan el fatal incremento, año a año, de la mortalidad en el trabajo. Haciendo por vivir, esto es, por ocupar dignamente su lugar en el mundo, y por ganar el pan y el sentido de cada día, cientos de trabajadores encuentran la muerte, y otros miles amputaciones y graves heridas, y así, como la pobre Joana Sáinz, pasaron en un instante del todo a la nada.

La pasión de Joana era bailar y encontró su acomodo en una de esas admirables orquestas que llevan la música de carne y hueso por los pueblos en fiestas. Bailando no notaba la tralla que llevaban sus articulaciones, ni el sueño de esas horas de la madrugada, ni oía las patosidades de los borrachos, ni sentía la desazón de las noches torcidas. La explosión a su lado de una antorcha pirotécnica mal construida la derribó en el escenario con una arteria seccionada por una esquirla. Murió, como tantos, como los 652 del año pasado, trabajando.

OTR Press

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