MADRID 20 Ene. (OTR/PRESS) -
El tren de Iryo procedente de Málaga con destino a Madrid que desencadenó la tragedia al descarrilar sus tres coches de cola e invadir la vía paralela en el instante en que por ella circulaba un Alvia, había pasado su última revisión hace unos pocos días. Se insiste en que no es momento de conjeturar sobre las causas del pavoroso accidente ferroviario, cuando quedan cadáveres perdidos entre los escombros del tren más dañado, pero es perfectamente compatible el dolor solidario por los decesos y la atención integral a las víctimas, heridos y familiares, con el rápido inicio de la investigación del suceso más letal en nuestra red ferroviaria desde el de la curva de Angrois, en el que perdieron la vida ochenta personas.
Descartado el fallo humano directo, pues la automatización de la línea y la velocidad de los trenes implicados, inferior a la máxima recomendada en el tramo, lo descarta, a los investigadores no habrá de pasárseles por alto la posibilidad de algún otro indirecto, cual pudiera ser cualquier deficiencia en la reciente revisión del tren de Iryo. En busca de una explicación del fatal accidente, cuyo hallazgo es esencial para evitar otros en el futuro, los investigadores, auxiliados por la sabiduría de los viejos ferroviarios, no han de descartar de antemano ninguna hipótesis, ningún indicio, ninguna posibilidad, pero si en el curso de sus pesquisas apartan definitivamente el fallo humano y el fallo estructural en vías o enclavamiento, el foco acabaría centrándose en alguno de los coches descarrilados del tren que se dirigía a Madrid.
Enamorado de los trenes, con familiares ferroviarios desde hace varias generaciones, he consultado con veteranos expertos de mi máxima confianza sobre el particular, y algunos de ellos centran sus sospechas, a resguardo de lo que la investigación determine finalmente, en uno de los bogies, el carretón que porta las ruedas y soporta el peso del coche unido a su chasis, y a ello vendría a reforzar el hecho de que a la hora de escribir éstas líneas se buscaba uno de esos elementos. Pero sea como fuere, no queda de momento sino el dolor profundo por tantas muertes y tantas heridas que acaso se hubieran podido evitar.