Actualizado 03/06/2007 02:00 CET

Victoria Lafora.- Efímera tregua en Madrid

MADRID, 3 Jun. (OTR/PRESS) -

No ha pasado ni una semana de su clamoroso éxito en Madrid y ya Esperanza Aguirre y Ruiz Gallardón vuelven a los golpes bajos; a las amenazas a través de sus segundos y a la disputa pública por quítame allí un consejero o ponme aquí un concejal.

El tema, que podría parecer baladí da cuenta, sin embargo, de la lucha de poder que en campaña electoral fue soterrada y que ahora vuelve a la luz con mayor encono, después de la oferta del alcalde para ser el numero dos de la lista al Congreso.

Gallardón le ganó por la mano a Esperanza, que todavía estaba abanicándose por su triunfo, y se ofreció públicamente a Rajoy para "ayudarle" a ser presidente del Gobierno. La cara contraída y tensa de la presidenta de la Comunidad, cuando comentó con los periodistas el tema, dejaba ver, bien a las claras, que la jugada del adversario le había pillado con el pie cambiado. La guerra por la sucesión de Rajoy, a quien muchos en su partido dan por muerto si no gana las próximas generales, comenzó la misma noche del domingo pasado. Los dos ganadores por goleada, los que le han aportado la PP los votos necesarios para conseguir una victoria pírrica en las municipales comenzaron a echar cuentas.

A nadie se le escapa que es muy difícil llegar a la Moncloa sin tener un escaño en el Congreso. La alternativa se forja en la tribuna de oradores de la carrera de San Jerónimo y Esperanza Aguirre no puede compatibilizar la presidencia de la Comunidad de Madrid con un escaño en el Congreso, cosa que si puede hacer Gallardón. De ahí su in disimulada irritación.

Se ha dicho que Rajoy no había sido advertido de la oferta de colaboración que iba a lanzar a los cuatro vientos Gallardón. Pero no es cierto. El alcalde tiene prisa, va por todas y a veces le puede la ambición pero no tanto. La posibilidad de que ocupe el puesto inmediatamente detrás del líder es un toque de atención a los Acebes y Zaplana y otras viejas glorias del PP que son un lastre para el giro al centro que Rajoy cree necesario para romper el techo de votos que le permita volver al poder.

Llevarlo de segundo es asegurarse un importante número de votos y dar otra imagen. Pero ante la bronca que se iba a montar en la sede de Génova el presidente del PP optó por sacar su sangre gallega y no dijo que ni si ni que no, si no todo lo contrario, recordando que hay mucha gente válida en sus filas.

De momento el alcalde ha propuesto que los concejales se llamen consejeros y la presidenta, que ya ve amenazas por todos lados, le amenaza con reformar una ley para obligarle a cambiar el nombre. Si por tan nimia cuestión semántica se tiran las leyes a la cabeza este mandato va a ser movidito en Madrid.

Victoria Lafora

OTR Press

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