MADRID 14 May. (OTR/PRESS) -
En los tiempos convulsos y feos en los que nos está tocando vivir, con guerras atroces y personajes esperpénticos en el poder, la verborrea politica se ha convertido en seña de identidad. Los actuales dirigentes, de aquí y de allá, creen que una vez alcanzado el poder su función consiste en hablar y no en dar trigo. Dentro de la política española es difícil distinguir quien se lleva la palma.
Bien es verdad que las campañas electorales suelen ser el vivero de las promesas imposibles de cumplir. Pero, si hay un personaje que no necesita acicate es la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Diaz Ayuso. Suspendido su viaje a Méjico, por razones confusas, ahora acusa a Moncloa de haberla abandonado en situación de grave peligro para su vida en un país gobernado por el narcotrafico. Nada se sabe de qué hicieron Ayuso y su equipo desde el viernes pasado, cuando dieron por cancelado el viaje oficial, hasta el domingo que cogieron el avión de vuelta a Madrid.
Resulta llamativo que, pese al dramatismo del relato, eso no se cuente. Como estaban cerca de las paradisiacas playas de Cancún la presidenta mejicana afirma que estuvieron de vacaciones. Nadie le obligó a viajar a ese destino y todos los actos e itinerarios se prepararon por el equipo de Diaz Ayuso. ¿Reportaba algún bien a los madrileños? No. Pues eso... Pero hay que reconocer que la semana, como la anterior y la anterior, ha sido pródiga en desparrames verbales. Desde el presidente canario, describiendo los ratones nadadores que iban a llevar el hantavirus al muelle del puerto, a la candidata socialista, María Jesus Montero, quien calificó de "accidente laboral" la muerte de dos guardias civiles a manos de los narcotraficantes. Curiosamente nadie habla del verdadero problema de madrileños, andaluces y canarios, que es el deterioro de la sanidad pública, con los centros de salud desbordados por la falta de profesionales y largas listas de espera. Por eso ocurren los problemas con los triajes del cáncer de mama y otras fatalidades. De eso, y de la falta de vivienda para qué hablar... con lo fácil que es dar la nota.