MADRID 1 Nov. (OTR/PRESS) -
El trágico accidente de Urda y la inoportuna, por improvisada, atribución a un fallo del personal de control, ha sido la puntilla a las expectativas de Sánchez de permanecer en Moncloa.
Fueron improvisadas porque en accidentes de esta gravedad siempre hay una concatenación de causas y, entre ellas, fallos de mantenimiento por falta de inversión en una red ferroviaria envejecida. Hay que esperar al final de la laboriosa investigación para saber cuántos agentes intervinieron en el segundo accidente en un año en la alta velocidad.
Sin el impulso de la ley de vivienda ya no tiene sentido una campaña basada en el amor, los besos conyugales o el buenísimo del PSOE. Porque mientras la acampada de la Puerta del Sol languidece (pese a los esfuerzos de Ayuso por convertirla en el drama nacional) los violentos pretenden hacerse con las calles para destrozar todo a su paso y saquear comercios.
Cabe preguntarse quién está detrás de esta violencia adolescente, que no reclama nada y sólo quiere destruir. Puede ser que la crispación política trasladada a los jóvenes les empuje a romperlo todo. Pero ahí no caben los saqueos y los robos.
Volviendo a la campaña electoral que nos espera, haría bien Feijóo en bajar el tono de sus mensajes, rebajar la gestualidad y el griterío y defender la democracia, el Estado de derecho y el funcionamiento de los servicios públicos. En eso consiste la gestión de un Gobierno y es lo que exige la ciudadanía, harta de los insultos.
Entregarse demasiado a VOX tiene el riesgo de suscitar el mismo rechazo con que se encontró Orban en Hungría, Bolsonaro en Brasil, Vucic en Serbia, o Netanyahu en Israel. El auge de la extrema derecha no está garantizado, felizmente. El recorte de derechos y prestaciones impuesto por Abascal en los gobiernos de coalición autonómicos va a restar votos, como está ocurriendo con la inmigración latina y Trump.
La lista por Madrid del PP demuestra los juegos malabares de Feijóo para rodearse de las dos caras del partido. Cayetana Álvarez de Toledo se puede llevar muy bien con Abascal y Borja Sémper es la voz del centrismo. Bien haría el aspirante a la Moncloa en recortar las comparecencias de Tellado y dejar que Semper explicara a donde quieren ir.
La violencia verbal es inasumible y el clima de guerracivilismo está llegando a la calle. Así no podemos seguir.