Publicado 04/04/2016 09:58

Un pulso a favor de Europa

Agustín Ulied
ESADE

   Agustín Ulied (OTR/PRESS)

   Desde hace unos cuantos años, las tensiones nacionalistas contra el proyecto europeo han ido creciendo de manera alarmante. Podría parecer que Europa, o más bien la Unión Europea, tiene la culpa de todos los males que asolan a los ciudadanos y que la salida del proyecto europeo resolverá todos sus problemas.

   Éste es un mensaje que se está diseminando por el Reino Unido y que es susceptible de extenderse por el resto de los países de la Unión.

   A los que, ya hace muchos años, militamos en el espíritu europeísta, algunas de las críticas a la integración europea nos trasladan al pasado. Concretamente, nos acercan a la primera década de los años ochenta, cuando los críticos al proceso de integración acusaban a las Comunidades europeas de ser un nido de mercaderes. Concretamente, de euromercaderes.

   A esta etapa, conocida como de euroescepticismo o de euroesclerosis, le sucedió la llegada del Mercado Común y de la Moneda única que logró acallar el gallinero y provocó el periodo de mayor euforia europeísta vivido en la Unión. Ésta perduró hasta la llegada de la gran recesión a finales de la primera década del presente siglo.

   Probablemente, a los euroescépticos no les gustaron las conquistas integradoras que presentaba el Tratado de Maastricht y esperaron que llegara el momento propicio para reemprender su discurso en favor de la desunión.

   Las primeras muestras de esta desunión aparecen con motivo del amplio debate que supuso decidir si se debía avanzar hacia la ampliación hacia el Este y Sur de Europa, o antes se debía profundizar en el proceso de integración.

   El Tratado de Niza debería haber resuelto los problemas que comportaban las nuevas ampliaciones. Sin embargo, este Tratado sólo pudo preparar de manera parcial a la Unión Europea y destapó una actitud, que ha ido in crescendo desde entonces, como es la de priorizar el interés nacional y la falta de una visión realmente europea que supere las ambiciones concretas de cada nación.

   Niza hizo imposible el objetivo de hacer que las instituciones de la UE fueran más eficaces y legítimas y preparar la Unión para la gran ampliación que se avecinaba.No obstante, y muy a pesar de sus detractores, la Unión Europea ha continuado avanzando en su proyecto de integración.

   Vamos a recordar algunas de las conquistas más sobresalientes:

   Con su entrada en vigor en 2009, el Tratado de Lisboa aumentó la capacidad de la UE para actuar y pronunciarse. Amplió las plenas competencias legislativas del Parlamento a más de 40 nuevos ámbitos, entre ellos la seguridad y la justicia, hoy puestas en entredicho; reforzó los derechos de los ciudadanos y dio más visibilidad a la UE en la escena internacional.

   Tras el estallido de la crisis del euro, los avances hacia una Unión Económica y Monetaria han sido espectaculares.*La necesidad de superar la crisis ha obligado a dar importantes pasos hacia una mayor gobernanza de la economía, especialmente en los países de la eurozona.

   El Semestre Europeo, mediante el cual se coordinan las reformas estructurales y las políticas presupuestarias con el fin de garantizar la sostenibilidad de la Hacienda Pública de conformidad con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, el "Informe de los cinco presidentes" que señala el año 2025 como fecha para haber alcanzado una Unión Económica y Monetaria óptima, o las decisiones tomadas por el Banco Central Europeo en los últimos años muestran la decisión irrenunciable a proseguir en el proceso de integración europea.

   ¿Peco de optimismo? ¿Me olvido de los que sufren las consecuencias de la crisis económica? ¿De las penalidades de los refugiados? Lo sé, pero hoy toca defender a la Unión Europea, esa unión que nos ha ofrecido más de 60 años de paz y prosperidad y cuyo proyecto es hoy mucho más necesario que nunca.

   La campaña emprendida por los nacionalismos radicales ha de ser contestada con dureza y rotundidad y recordar, a los ciudadanos y a nuestros políticos, que esos nacionalismos nos llevaron a las dos guerras más destructoras que ha sufrido la población europea. Evidentemente, todavía nos quedan cosas por hacer.

Agustín Ulied, es profesor de economía de la UE, Departamento de Economía de ESADE Business School. Miembro del Team Europa

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