Setenta años de relaciones diplomáticas entre Argentina y Unión Soviética

Publicado 06/06/2016 10:16:58CET

   Fernando del Corro (OTR/PRESS)

    El 6 de junio de 1946, 70 años atrás, apenas transcurridos dos días desde que asumiese la Presidencia de la Nación, Juan Domingo Perón anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y económicas entre la Argentina y la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que habían sido interrumpidas por el presidente Juan Hipólito Yrigoyen poco después de la victoria de la Revolución Bolchevique liderada por Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) en octubre de 1917.

   La decisión fue adoptada en el marco de la visita a la Argentina de una misión comercial soviética enviada por el primer ministro Iósif Vissariónovich Dzhugashvili (Stalin) y liderada por Konstantin Shevelev arribada en abril de ese mismo 1946 y que el 15 de mayo obtuviera una trascendental entrevista personal con el propio Perón quién se había consagrado como presidente electo el 14 de febrero y que se aprestaba a asumir el cargo el 4 de junio.

   Tras el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales el 31 de agosto de 1946 llegó al país, procedente de Bélgica, donde había cumplido similares funciones, el embajador soviético Mikhail Sergeiev, mientras que el gobernador sanjuanino Federico Cantoni, fundador y líder de la Unión Cívica Radical Bloquista (UCRB), hoy Partido Bloquista (PB) viajó en abril de 1947 a Moscú como representante argentino ante las autoridades de la URSS, acompañado por su hijo Leopoldo Bravo, luego también embajador y gobernador en San Juan.

   Las negociaciones comerciales argentino-soviéticas, que tanto preocupaban a los gobiernos de los Estados Unidos de América encabezado por el presidente Harry S (curiosamente la letra era un nombre en si no una inicial) Truman y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte cuyo primer ministro era el laborista Clement Richard Attle, no tuvieron éxito en lo inmediato ya que se demoraron durante más de un año.

   Según la diplomacia estadounidense la URSS ofrecía a la Argentina productos industriales de la República Democrática de Alemania, com camiones y aviones más un apoyo en los reclamos diplomáticos por la soberanía en las Islas Malvinas a cambio de que se le liberase el Atlántico Sur para la pesca pero, al parecer, tras trabas para avanzar en la firma que se debieron a la posición del canciller argentino Juan Atilio Bramuglia, uno de los tres socialistas que integraron el primer gabinete de Perón, la que fue respaldada por éste.

   Después de numerosas idas y venidas, que incluso hicieron que Cantoni regresase a la Argentina y que Leopoldo Bravo quedase al frente de la Embajada, recién en 1952, luego de la Conferencia Económica celebrada en Moscú en abril de ese año, los negocios tomaron una marcha más efectiva en circunstancias en que el gobierno de Perón llevaba adelante una política de ajuste implementada por el ministro de Economía, Alfredo Gómez Morales, y anunciada por el propio presidente mediante un duro discurso anticonsumista.

   Para el gobierno estadounidense que había golpeado la economía argentina mediante el Plan Marshall implementado a partir del primero de enero de 1948 a través de la Asociación para la Cooperación Económica (ECA), la mayor preocupación era que el abastecimiento soviético de aceites, caseína, cueros y otros productos agropecuarios argentinos generara una traba para el ingreso a los mercados del socialismo real en Europa Oriental de esos mismos originarios de su país o de sus socios de Europa Occidental, como lo hiciera notar el secretario de Estado, Dean Acheson.

   Por otra parte en 1953 al asumir como presidente estadounidense el republicano Dwight David (Ike) Eisenhower y restablecer buenas relaciones, mediante una gira de su hermano Milton, con el gobierno de Perón, éste optó por cerrar un acuerdo con los soviéticos que mantuviese a la Argentina en una situación de equilibrio en el marco de la “Guerra Fría” lo cual fue facilitado por una entrevista que mantuviera Leopoldo Bravo con Stalin.

   El 7 de abril de 1953 el primer ministro soviético recibió a Bravo, siendo la primera vez en atender a un representante latinoamericano, y en esa ocasión Stalin aceptó virtualmente todos los requerimientos argentinos lo que mereció un gran aplauso por parte de la cancillería argentina y de inmediato partió a Moscú una misión comercial argentina y un mes parte otra soviética llegó a Buenos Aires.

   Así el 5 de agosto de 1953, cinco meses después de la muerte de Stalin, se dio a conocer el acuerdo por el cual se convino que la Argentina iba a suministrar carne, lana, aceite de lino, cueros, tanino y otros productos agropecuarios a la URSS, mientras éste vendería a su nuevo socio comercial material ferroviario, carbón, petróleo y materias primas industriales necesarias para el nuevo proceso manufacturero argentino enmarcado en el Segundo Plan Quinquenal.

   En la práctica el acuerdo favoreció mucho más a la Argentina que a la URSS aunque sólo las cifras se situaron en torno del tres ciento del comercio nacional que, de todos modos, representaba dos tercios de los intercambios soviéticos con el conjunto de América Latina.

Una ampliación del tratado tuvo lugar en mayo de 1955 cuando ya el gobierno de Perón estaba al borde de su conclusión por lo que debieron pasar unas dos décadas hasta que con la vuelta del peronismo en 1973 se produjo una profundización de los negocios bilaterales de la mano del ministro de Economía, José Ber Gelbard, que alcanzaron su máximo esplendor durante el llamado “Proceso de Reorganización Nacional” cuando la URSS se convirtió en el principal socio comercial argentino a raíz del bloqueo comercial que le implementaran los Estados Unidos y sus aliados.

    Fernando del Corro es periodista, Historiador Colabora en la Cátedra de Deuda Externa en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA)